‘Herois’, un suspiro nostálgico por la vida

Héroes, de Pau Freixas y Albert Espinosa, narra el último verano en el pueblo de un grupo de amigos, el que será el verano más importante de sus vidas, en los años ochenta. Paralelamente, se muestra el reencuentro de dos de esos niños veinte años más tarde, que hace que los dos rebusquen en el pasado común y vuelvan a abrirse algunas heridas.

Xavi (Ferran Rull) llega al pueblo con ganas de volver a ver a sus amigos y de que sea un verano inolvidable. Atraviesa un momento familiar delicado: su padre les abandonó a él y a Óscar, su hermano mayor, y huyó. Ahora su madre está con otro hombre, Luis, que tendrá que esperar con paciencia el día en el que Xavi le reconozca no ya como padre, sino como persona de confianza. Asimismo, Xavi llega sin saber que el pueblo se convertirá en un pantano, de modo que este año es el último año de la carrera popular de los jóvenes cuyo premio es conseguir la casa del árbol. Ni su familia ni sus amigos quieren decirle –decirnos- nada para evitarle la amargura y el desengaño. Es sutil la escena de la carretera construida para ejecutar la obra del pantano, que Ekaitz (de los primeros destellos de Alex Monner como actor) justifica sobre la marcha diciendo que son unas obras. Una carretera que, como veremos al final, simboliza más que la desaparición de una urbanización.

El problema de la memoria

La película empieza con una advertencia de la abuela: “el recuerdo de este momento, algún día, os puede salvar la vida”. Esta advertencia, cuyo significado al principio no entendemos, es la auténtica hipótesis que se pone en juego a lo largo de todo el metraje. Efectivamente, Freixas y Espinosa utilizan el paralelismo entre el último verano de los “peques” con el encuentro casual de Cristina (una de las niñas del grupo, interpretada de pequeña por Mireia Vilapuig y de mayor por una deslumbrante Eva Santolaria) con Óscar, el hermano de Xavi, para ir hasta el fondo de la afirmación de la abuela. Ponen en juego, en definitiva, el problema de la memoria porque, efectivamente, existe un peligro con el paso de los años: olvidarse de una parte del pasado, de la identidad, intentar censurarla u ocultarla, intentar cambiar para “solucionar las cosas”. Eso es una especie de técnica psicológica de defensa, algo que creo que todos hemos podido experimentar alguna vez: hay hechos del pasado que nos resultan dolorosos y, en lugar de intentar comprender la potencia que tienen en el presente, preferimos hacerlos navegar a la deriva. Entonces, ¿qué puede salvar el pasado y volver a actualizarlo?

Pues algo como lo que le ocurre a Óscar: encontrarse con otra persona frente a la cual no pueda seguir evadiendo la verdad y deba ser sincero consigo mismo y con su corazón. En este caso concreto, la verdad de Óscar es que la trágica muerte de su hermano Xavi le hizo encerrarse en sí mismo y convertirse en un publicista cuyo buscado ajetreo no le permite pensar en muchas más cosas; una vida mediocre y sin sal. Cristina, en cambio, ante el mismo drama, decide que su vida cambie: no puede pasar ni un día más en su vida en el que Xavi no esté, de alguna forma, presente en sus pensamientos y en su actuar, tomando como lema de vida la promesa de vivir muchos días mágicos. Así, mientras dura la conversación entre ellos en el coche, Óscar se va debilitando hasta quedarse completamente desarmado ante un recuerdo que, veinte años más tarde, vuelve a arrancarle las lágrimas y a transformarle el corazón.

La importancia de la compañía

No podemos evitar conmovernos en la escena previa a la muerte de Xavi, esa escena en la que las mentiras dejan de estar en un segundo plano, censurado, y los “peques” empiezan a pelearse. La discusión estalla cuando Xavi se entera de que ése será el último año de la carrera, su gran ilusión, porque él desea con todas sus fuerzas que su padre regrese. De este modo, se enfada con Ekaitz por no habérselo dicho. Al mismo tiempo, éste se enfada porque él no le contó que vive con su padrastro. También se suma Cristina, porque vio a Xavi tonteando con Elena. Acaban arremetiendo contra Colo, el miembro de última hora del grupo que fue aceptado bastante a regañadientes por Ekaitz. El único que, paradójicamente, se da cuenta de lo que está a punto de suceder, es Roth, el niño con síndrome de down, cuya sencillez le hace sufrir con lo que está viendo.

Así, el espectador asiste con el corazón en un puño a una ruptura de la compañía. Y es que una de las causas más capitales por las que una amistad puede dejar de ser verdadera y empezar a ser una pérdida de tiempo enmascarada es esta: que no sea la verdad lo que mande dentro de ella. De modo que cada miembro del grupo se marcha por su lado y no sabemos qué pasará ahora que Xavi ni siquiera ha aceptado las disculpas de su mejor amigo. Aquí entra lo que es, para mí, la mayor genialidad dramática de la película, y es que Xavi (como puede ocurrir en la vida real) muere en el momento más inoportuno. Lo único que puede edulcorar ese momento es que había hecho las paces con su padrastro, pero aun así nos indigna a rabiar. ¿Quién querría irse del mundo enfadado con sus mejores amigos? ¿Por qué tiene que morir ahora?

Mi apuesta personal es que quieren hacernos apreciar todavía más el valor de esta compañía verdadera con la que confrontar todo lo que nos ocurre de modo sincero. Y no hay forma mejor de hacérnoslo entender que planteando la hipótesis de que una amistad termine de forma repentina, quizás no en el momento más ideal. Sobre esto Freixas y Espinosa, por sus respectivas experiencias, tienen mucho que decirnos. Y esto, ¿a qué nos mueve? Pues, básicamente, a no perder el tiempo. A querer a los amigos y a las personas que se nos han dado con la dolorosa intuición de que no nos pertenecen, de que no podemos aferrar sus vidas por completo, y que algún día ya no estarán ahí. Una de las verdades más punzantes y más misteriosas, en la que la muerte juega un papel central.

La muerte de Xavi es una sacudida para sus amigos, su familia y para nosotros, los espectadores, y es una sacudida que sigue teniendo eco veinte años más tarde en el corazón de Cristina y, ahora, en el de Óscar. Así, la muerte de Xavi en esta obra de ficción tiene sentido si su temblor llega también a nosotros y nos hace abrir los ojos un poco más.

“Joven para siempre”

La película termina con una escena criticada por su excesiva epicidad, pero que quiere ser el colofón de todo lo que se arrastra detrás. Me refiero a la escena en la que el grupo de niños del verano, veinte años más tarde, vuelve a juntarse en el pantano y en la casa del árbol, como una especie de himno al amigo que perdieron, al son de Forever young. Esta canción, evidentemente, no está elegida al azar: la hipótesis que nos vuelve a lanzar es la del modo más auténtico de vivir. Y este modo es el de Cristina, mucho más humano y vibrante que el de Óscar, que vive de forma completamente adormecida.

No creo que “joven para siempre” tenga que ser convertirse en una especie de hippie mochilero e ir por el mundo haciendo locuras. De hecho, eso puede ser otra forma de renunciar a quien uno es realmente. Seremos jóvenes para siempre en la medida en que no dejemos de vibrar y de amar todo aquello que se nos ha dado, especialmente a las personas que se nos han puesto al lado. Seremos jóvenes siempre que no estemos de vuelta de todo, siempre que nos dejemos provocar por la realidad, tanto por el presente como por el ineludible pasado.

Invito al lector de esta crítica a plantearse la pregunta que abre la película que, a día de hoy, es una de mis películas de cabecera. ¿Qué momentos o qué recuerdos podrían, algún día, salvarme la vida?

LO MEJOR: el reparto, la sencillez de la historia, la siembra de información (que se percibe mucho mejor en el segundo visionado), la discusión de los “peques”, los guiños a otras películas y géneros (western, El club de los poetas muertos, E.T…), la banda sonora (la original y la elegida), las lágrimas que puede arrancar de cuajo, el contraste Cristina-Óscar de mayores y la transformación de éste último.

LO PEOR: el buenismo y el sentimentalismo un tanto empalagoso en la última media hora (sobran unos diez minutos de metraje ahí), alguna escena que se alarga como el robo en el bar o la construcción del coche, el sonido (en algunas conversaciones cuesta entender lo que dicen).

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5 respuestas a ‘Herois’, un suspiro nostálgico por la vida

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  4. Verónica Bentancor dijo:

    Soy de Uruguay,hace muy poco terminó Pulseras Rojas aquí,quedé fascinada con la actuación de TODO el elenco ya que no conocía a los actores. Me encantaría ver Héroes,aunque no querría llorar lo que lloré con Pulseras Rojas.
    Saludos desde lejos

  5. Xavi dijo:

    Força d’acord amb la teva visió de la peli cula. És una història que pot semblar a totes les seves referències de pelis de grups de nens, però et trenca en segons. Costa pair, però els records són part de la nostra vida.

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