Tots els homes d’Escòcia

Parece que ha llegado el momento de compartir con vosotros una de nuestras canciones preferidas de Els Amics de les Arts. Me refiero a Tots els homes d’Escòcia, y os la dejo con su enlace en mi página de Cataloterapia. Además, para los guitarristas, podéis practicar con los acordes de la canción.

Esta canción, como nos explicó Eduard Costa en nuestro reportaje especial del concierto en Igualada, está basada en una experiencia personal de Joan Enric Barceló, el guitarrista, durante su erasmus en Escocia. La canción habla de un encuentro inesperado. Matteo lleva a unos compañeros erasmus de visita a un local escocés, prometiéndoles que merecerá la pena. Ellos son los típicos erasmus que viven para la fiesta, y aceptan con desgana. Al principio se escandalizan; se topan con un ambiente “decadente”, ridículo y esperpéntico, lleno de personas aparentemente acabadas, de sesenta años hacia arriba. Sólo quieren irse o, puestos a quedarse, reírse de todo lo que ven. Sin embargo, empiezan a sentirse incómodos; a través de estas personas tan insignificantes comprenden el sentido de muchas cosas, entre ellas el hecho de cantar, algo que ellos nunca habían hecho con tanta conciencia. Ese hecho, imprevisible, les llena de esperanza.

La canción aguanta bastantes segundos con un solo de piano + voces, y en las partes de “subidón” se le suman más voces, trompetas y demás. Muy armoniosa, cabe destacar el papel de Daniel Alegret en el piano.

Os dejo con la canción y la letra traducida abajo. Disfrutadla, y volumen a tope en el estribillo!

Todos los hombres de Escocia

Matteo dice “entremos, es un pub que hay que ver.
Siempre hay alguien que recita o que canta en un rincón”.
Al resto nos da pereza, pero no hay alternativa.
“Va, hacemos una y para casa, ¡vigilad con los escalones!”

Abrimos la puerta, entramos en un lugar minúsculo.
Gente con mirada perdida, si hay quince ya son muchos.
Pero es muy heavy, unos setenta años de media
y un señor con una guitarra que ahora termina una canción.

Y nos sentamos cerca del fuego, al lado hay un viejo con barba
que lleva manta y espardeñas, debajo de él duerme un perro.
Y no sé quién de nosotros va y murmura “¡vaya fauna!”.
Con los ojos nos lo señala y nos ponemos a reír fuerte.

¡Ay, Matteo! ¿Pero dónde nos has llevado?
Que esto, tío, parece un geriátrico, ¡a un amigo no se le hace!
¡Ay, Matteo! Que no te salva ni tu madre,
que hoy pagas tú las pintas, por mí ya nos podemos ir.

Nos reímos de todos, del muerto y del que lo vela,
cuando de golpe el viejo se levanta, “esto, tíos, puede ser muy bueno!”. Respira con pesadumbre y una voz muy arrugada.
Dice “ésta dedicada a todos los que ya no están”.

Y comienza, y arranca el estribillo,
y alrededor se hace un silencio que ahora no sabré explicar.
Pero hemos de callar, tío, ¡hemos de callar!
Tragarnos las palabras y ponernos a escuchar.

El viejo toma aire y las venas se le inflan,
y la cara bien roja com si se fuera a ahogar.
Pero créeme, que a cantar de esa forma
no hay escuela en el mundo que te pueda enseñar.

De todos los hombres de Escocia
con aquel viejo nos topamos
y de repente comprendimos
qué quería decir cantar.

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