Black Mirror 01×03: Tu historia completa

Liam es despedido de su trabajo. Esa misma noche pasa una velada con la antigua cuadrilla de su esposa, Ffi. Ahí conoce a Jonas, un tipo prepotente y chulo, exnovio de Ffi. Empezará a darle mala espina y llevará a cabo una indagación utilizando como herramienta algo que la tecnología le facilita ahora como nunca antes: la memoria. Este tercer capítulo de la famosa miniserie británica Black Mirror, propone un recorrido antropológico, haciendo exterior y visible algo que hasta ahora sólo era psicológico, íntimo y personal.

Contexto cultural

La primera escena nos ofrece una reunión de trabajo en la que van a despedir a Liam. Su primera función es la de ponernos en contexto: vivimos ahora en una sociedad en la que la ética ya no es un obstáculo para la ciencia o para el desarrollo tecnológico. Cualquier idea que se les ocurra a los manda-mases, por disparatada que sea, podrá llevarse a cabo siempre que sea posible técnicamente. En este caso, sus jefes le proponían algo así como un sistema de educación retrospectiva de los niños, supongo que algo así como educarles de pequeños cuando ya son mayores. Para echarse a temblar.

Otra consecuencia va a ser el golpe psicológico de este hecho para nuestro protagonista. Liam, al ser despedido, empezará a darse cuenta de cómo pueden llegar a tambalearse algunas cosas que él daba por sentadas, y también tendrá más tiempo para llevar a cabo la indagación que ocupará todo este tercer episodio de la miniserie.

El grano

Liam va a ver a su mujer, Fion, que está en una quedada con amigos con Jonas como anfitrión. Pasan una velada en la que empezamos a ver de qué va a ir este capítulo: todas las personas llevan instalado detrás de la oreja un “grano”, una especie de mini-programa de almacenamiento de la memoria visual y auditiva, que convierte todos los recuerdos en secuencias de vídeo clasificables y navegables, con interesantes aplicaciones como, por ejemplo, la lectura de labios. Es decir: todo lo que veas ahora podrás volver a verlo cuando quieras, gracias a un pequeño mando a distancia que permite rebobinar, ampliar y borrar los vídeos, utilizando el propio ojo como pantalla. Todo el mundo vive perfectamente acostumbrado a este grano, y no es poca la sorpresa que se llevan cuando una chica del grupo de amigos les confiesa que perdió el grano y no ha querido volver a instalarse otro. “Sólo las prostitutas suelen quitárselo”, se ríen sus amigos. Sin embargo, se hace un silencio incómodo cuando ella les revela que, en verdad, se vive bien sin ese aparato. Les parece algo inimaginable, pero no deja de provocarles cierta envidia.

 Un cambio en las relaciones humanas

El hecho de poder “revivir” todos y cada uno de los momentos vividos ofrece muchísimas posibilidades. Una de ellas tiene que ver con las relaciones con los amigos. Con el grano, es imposible que vuelva a haber confusiones de “cómo habíamos quedado”, y será divertido poder revivir una y otra vez las noches entrañables saliendo de fiesta, los momentos cómicos o las meteduras de pata de cada uno. El problema viene con otras cuestiones.

Con el grano, el arte del reproche reflorece con más fuerza que nunca en las amistades, ya que siempre se puede recurrir al “tú me dijiste”, y demostrarlo infaliblemente. Por eso, entre todas las personas que se reúnen en casa de Jonas no parece que haya especial amistad; todo es colegueo, huida colectiva de los problemas, no vaya a ser que empezaran a tomarse las cosas en serio y acabaran sufriendo las consecuencias. Un colegueo que permite hablar a Jonas de reveladoras estupideces, del calibre de “cuanto menos significa una relación, más te gastas en la boda, porque necesitáis algo de lo que hablar”. Este colegueo bien se puede deber al miedo; miedo a meter la pata en una relación y no sólo terminar con ella, sino poder someterse al escarnio de otras personas que vean lo que has hecho, como hace Liam con su mujer, al preguntarle a la chica de la limpieza si “es tan divertido” el comentario de que Jonas sólo es fiel a sus cereales.

Esto puede parecernos de otro planeta, pero no vamos tan desencaminados. Si consideramos que el WhatsApp, Facebook y demás ya forman parte bastante importante de las relaciones sociales, no estamos tan lejos del “grano” de Black Mirror; cualquier cosa que digas por chat queda registrada para la posteridad, para ser utilizado por su receptor como arma, chantaje o como elemento de exposición a terceras personas sobre cómo es tu relación con él. No sería la primera vez que esto genera malentendidos y dolores de cabeza. Incluso utilizar un emoticono u otro puede llevar a veces a confusiones. ¿Realmente queremos vivir así?

Memoria y obsesión

La memoria puede ser muy útil cuando nos ayuda a hacer presente algo que ocurrió en el pasado y que ahora puede ayudarnos de algún modo; darnos cuenta de la importancia de ciertas personas, hacernos querer mejor a nosotros mismos, recordarnos de dónde somos, etc. La memoria, pues, es una herramienta increíble con la que hemos sido dotados. Pero obsesionarse con la memoria es distinto. Es una especie de pataleta contra el presente, reivindicando una y otra vez que en el pasado estuvimos mejor, regocijándonos en él. Esto, con el grano, es perfectamente ejecutable. Basta con escuchar a Jonas explicando su principal pasatiempo: rememorar momentos picantes de anteriores relaciones, aún estando actualmente en una. Lo triste es que también Liam y Ffi, los dos protagonistas, hacen algo similar cuando, después de tantos problemas, vuelven a tener relaciones: utilizar el grano para visualizar sus primeras veces y así sentirse más excitados. Esta obsesión por la memoria implica un rechazo o, cuanto menos, una declaración de guerra al presente: si tú no vales más que el pasado, vamos a utilizarlo como ariete contra ti.

Memoria y perdón

Tu historia completa escudriña la miseria humana a través de la memoria; no existe el perdón ni la sinceridad, sino el disimulo y la apariencia. Y si se quiere “pasar página”, hay que hacerlo casi literalmente, borrando los correspondientes archivos, aunque está claro que eso no merece la pena, ya que siempre viene bien tenerlo ahí “por si acaso”. Como anuncian al principio, en una especie de spot publicitario anunciando actualizaciones para que el grano también rememore olores: “porque la memoria es para vivir”.

Está claro que el perdón juega un papel esencial en esta historia. Un papel importantísimo, precisamente porque brilla por su ausencia. Está en la memoria colectiva la famosa expresión “perdonar, pero no olvidar”. Este episodio de Black Mirror parece ponerla a prueba. Aquí, efectivamente, hay que hacer un ejercicio brutal para olvidar: aunque siempre quedará el “recuerdo”, para olvidar hay que eliminar completamente los archivos. Para Liam, sin embargo, es mucho más apremiante remover en el pasado hasta encontrar lo que empieza a temerse: que la historia de su mujer y Jonas no quedó en una semana anecdótica en Marrakech. Y va tirando del hilo y, al final, lo saca todo; ni siquiera su hijo es suyo. Esto supone un dilema: ¿de verdad “quería” saberlo?

Hay algo llamativo en lo que quizás cuesta reparar: Ffi, la mujer de Liam, no le pide perdón en ningún momento. Todo lo que hace es actuar a la defensiva, intentar tirar pelotas fuera o, simplemente, quitar importancia al asunto. “Fue sólo una semana”, “es lo normal cuando te encuentras a tu exnovio”, “fue un día en el que yo estaba muy mal y tú te fuiste”, “sí, creo que sí se lo puse”… Todo excusas. Quién sabe qué hubiera ocurrido si en algún momento le hubiera pedido –o suplicado- perdón a Liam. Todo parece indicar que viven en una cultura tan avanzada que ha dejado atrás algo tan puramente humano como el perdón y la compasión. Porque ahora todo es medible, cada gesto y cada palabra suma, y si suma mal implica un daño irreparable. Hay que estar a la altura, aunque sea guardando las apariencias lo mejor posible.

Memoria y venganza

Regocijarnos en el recuerdo de lo que nos ha hecho otra personas puede acrecentar la sed de venganza. Es lo que le ocurre a Liam, que se dirige a casa de Jonas con la intención de hacerle borrar todos y cada uno de los recuerdos que tiene de Ffi. Poniéndole entre la espada y la pared (entre una botella de cristal rota y el suelo) lo consigue, pero a un precio muy caro: es en este momento cuando ata cabos y se da cuenta de que su hijo es, en realidad, hijo de su mujer y de Jonas.

Ahora el plato de la venganza toca servírselo a Ffi. Regresa a casa y hace que su mujer vea lo que acaba de ocurrir con Jonas. Ella se asusta. Él le dice que aún hay más, y le hace fijarse en un fotograma en el que ella está en la cama con Jonas. En la misma cama en la que duermen ellos dos. Hace dieciocho meses (su hijo tiene nueve meses). Violentamente, empieza a interrogarla: ¿le puso preservativo a Jonas? Ella asegura que sí, pero él ya no le cree. Necesita comprobarlo, así que la somete a una de las peores humillaciones que podemos imaginarnos, algo así como un juicio total sobre ella: proyectar en la pantalla todos los recuerdos de ese acto de infidelidad, impidiendo que los borre. Ella, destrozada y entre llantos, accede.

Decisión heroica, decisión dolorosa

Liam consigue alejar a su mujer y su hijo se su lado para siempre. Despierta él solo, en su casa medio vacía, sin saber qué va a ser de él ahora en adelante, sabiendo que ha perdido a las únicas personas a las que quería. Y aquí empieza una gran batalla en el interior de Jonas: la batalla entre vivir y recordar. No puede evitar morirse de arrepentimiento cuando vuelve a visualizar imágenes cotidianas de Ffi y de su hijo. ¡Cómo echa de menos ahora esos momentos! Sin embargo, lejos de vivir como un alcohólico que bucea en el pasado, toma una decisión.

En Liam, hay ahora dos motivaciones. La primera: no quiere volver a dejarse llevar por el rencor y la sed de justicia o de venganza, no quiere perseguir la verdad si eso implica destrozar su vida y la de otros. Y la segunda: ya no quiere tener la opción de recordar los momentos felices; ya no hay vuelta atrás, y quiere actuar en consecuencia: empezar de cero. 

De este modo, con gran sufrimiento, decide arrancarse el grano. Mientras lo hace, no puede evitar recordar algunos flashes de su vida pasada. Pero él sigue adelante y, efectivamente, con gran dolor se lo termina arrancando. El capítulo termina en las puertas de la nueva vida que Liam tendrá que recomponer. Es el único final de toda la miniserie en el que el protagonista se sobrepone a las circunstancias. Eso sí: como los otros dos episodios, pierde a la mujer a la que amaba, porque, igual que el protagonista de 15 millones de méritos o el ministro de El himno nacional, se da cuenta del error cuando ya es demasiado tarde.

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7 respuestas a Black Mirror 01×03: Tu historia completa

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  3. PAPYRUS dijo:

    Hola, me gustó mucho tu análisis y espero que me permitas compartir contigo un punto en el que te refieres al final sobre la situación de Liam al quedarse sólo y es que el no se moria por revivir esos momentos con “la familia postiza” que le tocó tener a través de engaños y mentiras (La mujer corta con su pareja y embarazada de él curiosamente se casa con un joven y apuesto abogado), de hecho, se estaba despidiendo de ellos para a posteriori vivir DESDE CERO, es decir, empezar otra vez pero sin mentiras, sin recuerdos previos…
    Y sigo sin ver ese “error” que mencionas ya que “irónicamente” la única persona que ha cometido un grave error es la esposa y al hacerlo a salpicado de lleno al marido cuya vida (era estable pero un poco vacia) acabó por desmoronarse y al hacerlo se llevo consigo a la segunda persona que amaba (porque creía que era su propia hija).
    Tal vez creas que Liam humilló a su esposa en el interrogatorio pero… ¿No crees que hubiera sido mejor decir que la pequeña no era hija suya desde el principio? ¿No crees que estás cosas tan intimas se deben tomar en frio y cuanto antes?
    En resumen, en este capítulo se ve como una mujer hace que un buen hombre (a mi me cayó bien desde el principio) que la amaba ciegamente, se hundiera por completo por ver que ella aún siente algo por su ex y que todo lo que ha llegado a amar no es plenamente suyo, es decir, su esposa le dice “te amo/quiero” pero no es así del todo, nunca lo es y la única unión entre ellos que era el bebé (una forma cruda de poner a un ser 100% inocente en un plano tan mordaz y cruel) va y resulta que tampoco es suyo ,así que no, Liam no humillo a su esposa, su esposa le ha estado pintando las cosas según el color que ella quería para seguir tener una vida ejemplar…

    • jmangles dijo:

      Muchísimas gracias por el comentario.

      En ningún momento digo que no haya sido la esposa la culpable de todo: una infidelidad es siempre una acción mala con la persona a la que engañas, y más en el caso de un matrimonio, y más con un hijo “bastardo” de por medio.

      Cuando Liam se va a quitar el grano, recuerda momentos sencillos de él, su mujer y “su” hijo en casa: ha sido muy feliz todos estos meses. Feliz, en parte, por la ignorancia de todo lo que había pasado. Pero feliz, también, por no saber cuánto tenía que reprochar.

      No trato en ningún momento de justificar lo que Ffi ha hecho. Pero sí que quería poner en el centro de la discusión el tema del perdón, en el cual, primero Ffi y luego Liam, todos son culpables. Ffi por no tener el coraje y la confianza de confesar y pedir perdón, antes de que Liam empezara a investigar por su cuenta. Liam, por su parte, es culpable (en segundo lugar) por querer hacer “pagar” esa ofensa a su mujer. En parte está justificado (es la cuestión más compleja), pero por otro lado no deja ningún margen a perdonar-olvidar o a confiar en que no volverá a ocurrir. Los pecados del pasado han destruído el presente: porque no hay perdón.

      Gracias de nuevo por tu comentario. Cualquier cosa, aquí estamos!

      • PAPYRUS dijo:

        Gracias por la respuesta.
        ATTE: Un futuro “inquilino” de tu P.Web
        PD: Siento mucho haber sido tan… Mordaz, digamos que este tipo de cosas… Lo de las infidelidades me afectan mucho y no lo trato con la delicadeza necesaria y aún menos si hay bebes (cosa que me hunde mucho más por que me gustaria ser padre en el futuro) de por medio ya que eso me da un corage que…

  4. Gustavo Avila dijo:

    Para esas cosas no hay perdon. Si el tipo no hubiese salido a revelar la verdad hubiese sido engañado, probablemente, toda su vida. A quien le gustaria enterarse que su vida fue una mentira y mas aun para que la esposa no lo deje?

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