El príncipe y el mendigo

Hace poco llegó a mis manos un clásico de los cuentos de la literatura inglesa; El príncipe y el mendigo (1881), de Mark Twain (Las aventuras de Tom Sawyer, etc). Podéis leer algo sobre esta obra en la Wikipedia.

Se trata de un cuento con una premisa hipotética; ¿qué pasaría si un príncipe y un mendigo intercambiaran sus vidas?

Efectivamente, Tom Canty vive en el barrio de “las Piltrafas” (la zona pobre), en Londres, mientras que el Príncipe Eduardo, hijo de Enrique VIII, está a punto de heredar el trono. Un casual accidente hace que se conozcan y decidan, aprovechando su increíble parecido físico, cambiar sus papeles. Me he enterado de que Walt Disney había llevado a la pantalla (no con mucho éxito, imagino) este cuento, y también por el director Richard Fleischer, aunque no olvidemos que este mito también se había llevado a cabo otras veces, como en los telefilmes Dos al precio de una, Tú a Boston y yo a California y demás.

Sin embargo, la obra original tiene una riqueza narrativa difícil de plasmar en una pantalla de cine, con lo que no extraña que todas las películas que se han hecho puedan saber a poco. Me gustaría resumiros algunos de los aspectos que más me han llamado la atención. Lo clasificaré según es la aventura de Tom Canty o la de Eduardo.

La aventura de Tom Canty

Tom, como sabemos, viene de una familia pobre y miserable, tanto que su padre y su abuela nunca se han cortado un pelo a la hora de maltratarle y apalizarle. De repente se encuentra en palacio y poco tardan en considerar que el Príncipe está mentalmente enfermo, habiendo olvidado cosas muy básicas de su vida diaria.

A través de los ojos de Tom descubrimos lo aburrido -y absurdo- de los protocolos oficiales, tales como las reverencias, las audiencias, los actos públicos… Y vemos también como toda la gente que le rodea se comporta de forma estúpidamente respetuosa, intentando disimular la extrañeza que les produce la locura del Príncipe, que no tarda en convertirse en futuro Rey en cuanto muere su padre.

Lo más importante de esta mitad de la historia tiene que ver con las leyes. Tom Canty se da cuenta de lo crueles que son algunas, que se ensañan con las víctimas mediante torturas o penas tremendamente injustas. De hecho, la justicia es el valor que late en cada página de este libro. He de agradecer que se hayan molestado en añadir letra pequeña, porque aprendes qué referencia histórica tienen las leyes y castigos de los que hablan los personajes, y muchos vienen acompañados de reflexiones brillantes como:

El mundo está mal hecho, los reyes deberían ir de tiempo en tiempo a la escuela de sus propias leyes, para que de ese modo aprendiesen a ser misericordiosos.

Esto mismo podríamos aplicar a la política o a toda clase de poder, y es que uno de los grandes problemas de la humanidad ha sido la gran fractura entre poderosos y víctimas del poder, barnizada con absoluta indiferencia y falta de comprensión. Vamos a ver qué hacía de mientras el Príncipe.

La aventura del Príncipe Eduardo, futuro rey de Inglaterra

Eduardo no tarda en darse cuenta de la burbuja que le rodeaba cuando ocupaba su real cargo. Tan pronto como se viste con los harapos de Tom Canty, a los propios guardias de palacio no les tiembla el pulso a la hora de insultarle, burlarse de él y despacharlo con una patada. No corre mucha mejor suerte cuando conoce a la familia de Tom Canty, y cuando es ridiculizado hasta la saciedad cada vez que se autoproclama Príncipe y confiere amenazas de todo tipo.

Como en la frase que hemos citado antes, Eduardo conoce en primera persona a víctimas de las injustas leyes que dictaminó su padre. Él mismo recibe reprimendas y está a punto de morir en algunas ocasiones. Es secuestrado por un ermitaño loco, encerrado en la cárcel junto con Miles Hendon (su ángel de la guarda al que termina recompensando), etc.

Al final, Eduardo llega justo a tiempo para evitar que nombren a Tom como Rey de Inglaterra, y ocupa su predilecto lugar. Realmente, lo que da sentido a esta historia es el acercamiento de un rey al pueblo, para poder volver después al trono y ser más justo y menos excéntrico en su mandato. También, tanto por él como por Tom, aprovechan para premiar la heroicidad sencilla de tantas personas que día a día dan la vida por sus seres queridos sin necesidad de que nadie se lo reconozca.

Libro de recomendada lectura, ornamentado con ese humor inglés tan agudo que hace falta leer algunos párrafos dos veces.

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