El hobbit (JRR. Tolkien)

Ya he terminado de leer El hobbit. Debo admitir que lo empecé animado por dos cosas: la película de Peter Jackson y la exposición El fuego secreto: verdad y mito en la obra de Tolkien. En ésta última se resaltaba cómo Tolkien habla de la realidad a través de sus relatos que pueden parecer “fantásticos”. Una de las cosas que me ha llamado la atención es que Tolkien escribe, a veces, hablándonos directamente, en segunda persona, con fórmulas como “quisiera hablaros ahora” o bien “qué susto os hubierais llevado de haber visto”. Realmente, todos los que me decían que era como un cuento tenían razón.

La adaptación de Peter Jackson

Para los que lo habéis leído, quiero mencionar algunas obviedades que ya sabréis sobre la adaptación de Peter Jackson:

  1. El libro no menciona la mala relación que se impone entre los antepasados de Thorin y el reino de los Elfos. Ignoro si se menciona en algún otro libro, pero entiendo el motivo por el que se ha añadido (a parte de por contextualizar y ocupar minutos, aunque no serían precisamente fáciles de realizar debido al dragón): para dar profundidad a Thorin y a la historia. En el libro, el hecho de pasar unos días con los Elfos de Elrond es bastante sin más, pero en el film, así, se muestra el rechazo de Thorin hacia esas gentes. 
  2. En la película aparece Radagast, aunque en el libro simplemente se le menciona una vez, como personaje de alivio cómico. Lo mismo cabe decir de Saruman, Galadriel o Frodo; están ahí, básicamente, para satisfacer a los seguidores de la primera trilogía, y para dar más profundidad a los personajes de Gandalf (en los dos primeros casos) y de Bilbo (en el tercero).
  3. En general, han querido sacar jugo (y tiempo) de escenas que en el libro no tienen tanto: los trolls que se convierten en piedra, la lucha de rayos (y de montañas)… Son escenas visuales y/o cómicas que dan mucho de sí. Otras, como la de los acertijos, respetan una duración similar a la del libro.

Una aventura inesperada

Como historia, El hobbit se puede resumir en el viaje, tanto interior como físico, de Bilbo Bolsón, en cierto modo similar al que hará años más tarde Frodo. Mientras leía, pensaba en el concepto de “la Comarca”, algo parecido a lo que se ha puesto de moda ahora con lo de la “zona de confort”. Entiendo la Comarca como un territorio psicológico en el que uno se siente cómodo, “como en casa”, sobre todo porque lo tiene todo controlado.

Tanto en el libro como en la película se subraya mucho esa comodidad que es estar en el apacible agujero-hobbit, y en la sacudida que supone que aparezcan un mago y trece enanos y pretendan que les acompañes a una peligrosa aventura. Sin embargo, leyéndolo, uno desearía que le ocurriera algo así, pues a menudo la rutina hace que pensemos que nos estamos perdiendo grandes aventuras muy lejos de aquí. Por eso, cada página de El hobbit me devolvía un poco de ese espíritu aventurero que no se queda corto en el deseo de que cada día ocurran cosas asombrosas.

Un par de citas

Sobre lo que he mencionado antes de la Comarca y la “zona de confort”, hay una cita del mismo libro que lo resume a la perfección, enfatizando en que las buenas historias parten más de lo imprevisto:

Ahora bien, parece extraño, pero las cosas que es bueno tener y los días que se pasan de un modo agradable se cuentan muy pronto, y no se les presta demasiada atención; en cambio, las cosas que son incómodas, estremecedoras, y aun horribles, pueden hacer un buen relato, y además lleva tiempo contarlas.

[SPOILER] La despedida de Thorin, al final del libro, que muestra cómo ha culminado su arco de transformación (un poco a última hora), de una persona avariciosa que se dejaba cegar por el oro a una que es capaz de mirar las cosas de forma más justa, empezando por pedir disculpas a Bilbo:

Parto ahora hacia los salones de espera a sentarme al lado de mis padres, hasta que el mundo sea renovado. Ya que hoy dejo todo el oro y la plata, y voy a donde tienen poco valor, deseo partir en amistad contigo, y me retracto de mis palabras y hechos ante la Puerta.

Finalmente, el libro termina con una distendida conversación entre Gandalf, Balin y Bilbo, y es interesante lo que dice Gandalf acerca del destino y las profecías:

-¡Entonces las profecías de las viejas canciones se han cumplido de alguna manera!-dijo Bilbo.

-¡Claro! -dijo Gandalf-. ¿Y por qué no tendrían que cumplirse? ¿No dejarás de creer en las profecías sólo porque ayudaste a que se cumplieran? No supondrás, ¿verdad?, que todas tus aventuras y escapadas fueron producto de la mera suerte, para tu beneficio exclusivo. Te considero una gran persona, señor Bolsón, y te aprecio mucho; pero en última instancia, ¡eres sólo un simple individuo en un Mundo enorme!

-¡Gracias al cielo! -dijo Bilbo riendo, y le pasó el pote de tabaco.

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