Black Mirror 02×02: Oso blanco

 AVISO: ESTE ANÁLISIS CONTIENE SPOILER.

Segundo episodio de la segunda temporada de Black Mirror. La joven Toni despierta en una habitación, sin saber quién es ni qué hace ahí. Sale a la calle y se ve envuelta en una tesitura algo surrealista: unos hombres enmascarados la persiguen por las calles mientras un buen puñado de ciudadanos, como hipnotizados, se limitan a hacerle fotos con sus smartphones, sin ningún ademán de socorrerla.

Toni

Al final descubrimos la razón de todo este sinsentido que nos ha estado inquietando y extrañando durante media hora: Toni es la protagonista de un reality show hecho a medida con un único propósito; hacerle pagar el crimen que cometieron ella y su novio (suicidado) contra una niña: la secuestraron y la quemaron, grabándolo todo en vídeo.

Para este análisis, voy a centrarme en las similitudes temáticas de este episodio con otras películas o piezas de la literatura.

El palacio de la justicia: El show de Truman

White Bear hace alusión a un oso de peluche que la policía encontró como única pista del paradero de la pequeña desaparecida, cuya historia enseguida conmovió a toda la nación y la puso en búsqueda constante. Por ello, una vez capturada la asesina, se decide condenarla a un mes (o más, no queda claro) de singular y despiadada tortura, a cargo de una empresa hacedora de justicia creada con ese único fin.

¡¡MENSAJE DEL AUTOR!!

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En cuanto al modus operandi, la odisea de White Bear nos recuerda, sin duda, a El show de Truman: un reality en el que todos saben que lo es excepto el protagonista. Muertes fingidas, sospechosas casualidades (incluso para el espectador) y surrealismo a diestro y siniestro. No podemos decir que la protagonista sea libre en ningún momento del capítulo; va siempre a remolque de las premeditadas circunstancias, que día a día se van adaptando más a sus cada vez más previsibles reacciones. Por este motivo, White Bear pone sobre la mesa la idea de una posible dominación total sobre la libertad humana por parte del poder, convirtiendo al hombre en mero personaje/marioneta de entretenimiento.

El odio de una nación: 1984

Si se ha hablado de algún libro en el que se pueda haber inspirado Charlie Brooker para esta miniserie, además de Un mundo feliz, ése es 1984, de George Orwell. Y no lo digo sólo por el hecho de ser observado en todo momento por un “Gran Hermano”.

CocheEn 1984, la rutina de los personajes incluye, todos los días, los Dos Minutos de Odio. Se trata de un rato que todos dedican, obligatoriamente, a gritar e insultar al enemigo público número uno, cuyas imágenes son proyectadas en una pantalla para facilitar el desahogo. Esto no es ninguna novedad si leemos los TT de Twitter día sí día también, o si nos fijamos en la curiosa costumbre de leer prensa online y ver las noticias sólo para sumar nuestra voz a la voz popular de lo mal que estamos por culpa de estos cabrones. O -hasta aquí hemos llegado- en episodios que hemos vivido como la muerte de Manuel Fraga, más o menos reciente, tras la que algunas personas salieron a la calle a hacer gala de su falta de humanidad y su poco discernimiento, a celebrar una defunción como si fuera un gol del Barcelona.

Lo que ocurre en White Bear, visto así, no es tan disparatado: es el Estado (o una poderosa empresa privada) quien toma las riendas y decide utilizar en su favor el odio de la nación. ¿Cómo? Dándole lo que quiere (desahogo, espectáculo macabro) a cambio de dinero. De este modo, aparentemente, todo el mundo sale ganando a costa de la víctima. Nadie duda en ningún momento de la legitimidad moral de hacer lo que están haciendo; al fin y al cabo, es una despiadada criminal, cuyo crimen no merece perdón, y está recibiendo el castigo que se merece.

Sería interesante realizar una encuesta aquí en España, a ver cuánta gente desaprobaría que se hiciera algo similar (y proporcional) a nuestros estimados enemigos públicos: Bárcenas o los directivos de Bankia, o bien los asesinos de ETA, o el de Marta del Castillo, o tantas otras personalidades que tanta tinta han hecho gastarse a nuestras imprentas. O, apuntando más alto, imaginemos Estados Unidos con Bin Laden, cuando éste estaba con vida.

oso

Creo que el asunto que se pone sobre la mesa es si este odio tiene algún sentido. Justificación, sin duda, la tiene. Pero el problema aflora cuando se utiliza este “odio justificado” contra un criminal y su crimen como pretexto para propinarle una tortura o humillación, que al final resulta ser un goce -y negocio- para el torturador que no ha merecido con ningún mérito. De este modo, el sentido de la Justicia se disparata, se exagera su poder punitivo y se espectaculariza su ejecución, haciendo del odio su principal herramienta de venta, y no algo que, aunque comprensible, es mejor reprimir cuanto antes.

Del escarmiento al ensañamiento: The Game

A nadie se le escapa el brutal parecido, tanto de guion como de giro inesperado, con la película The Game. Sin embargo, hay una ligera diferencia. 

En The Game la víctima es el millonario Nicholas (Michael Douglas). Su hermano le inscribe en una compañía que se dedica a hacer cosas del estilo de este capítulo, pero todo con un fin “didáctico” aunque con cuestionables medios: se trata de dar un escarmiento, de demostrarle que ha estado siendo un capullo muchos años y, haciéndole llegar al borde de la desesperación para ayudarle a valorar lo que tiene. Algo así como Saw, pero con final feliz, en el que todos le saludan sonrientes porque la pesadilla ha terminado.

¿Qué pasa en White Bear? Si el capítulo terminara cuando ella, tras disparar la escopeta de confeti, es trasladada al plató, no sería ninguna novedad. Nos parecería una mera copia, y hubiera sido la ruina de la miniserie. De hecho, durante esos minutos sufrimos cierta desilusión de pensar que Charlie Brooker ha caído en algo tan básico. Lo pensamos, sí, hasta que nos lleva de la mano al averno de la crueldad. No es un simple escarmiento para que vea lo inhumano que es hacer sufrir sin sentido y con la frivolidad de grabarlo en vídeo: es una venganza colectiva contra ella, un auténtico ensañamiento traducido en una tortura de la que no puede escapar. De hecho, es ingenuo pensar que ella vaya a salir con vida de esta cárcel. Si sale viva, saldrá con la memoria totalmente fracturada y muchas secuelas incurables.

La gran diferencia, pues, es la intención con que la meten en este infierno, pues no se trata de hacerle “aprender” -dicho rápido y mal- sino de hacerle sufrir con un ojo por ojo bastante desmesurado, a lo que se le suma la angustiosa repetición de un día tras otro, debido a que pueden borrarle la memoria y dejarla completamente fuera de juego. De hecho, para mí el plano más escalofriante ha sido el del calendario, pues en dos microsegundos entendemos que llevan con este juego casi veinte días, sin cansarse de repetirlo una y otra vez.

oso

¿Es culpable? Similitudes con Memento

He caído en la cuenta de que la situación vital en la que se encuentra nuestra protagonista es prácticamente idéntica a la de Leonard (Guy Pearce) en la gran Memento. Me explico:

  • Ambos comienzan cada día desconcertados, sin saber prácticamente nada de su pasado, viviendo en un existencialismo continuo en el que sólo existe el presente y un objetivo futuro: el de Leonard, vengar la muerte de su mujer. El de Toni, entender qué está pasando, juntar las piezas del puzzle de estas extrañas circunstancias y salvar el pellejo. 
  • Para esta tarea, los dos se sirven de fugaces flashbacks, pequeñas pistas del pasado que podrían ayudarles a entender qué ocurre y qué deben hacer.
  • Los dos están siendo manipulados. Leonard está siempre bajo la atenta mirada de Teddy, que es consciente de la realidad pero aún así sigue dándole cuerda y ocultándole las pistas. Toni, en White Bear, es una simple títere de todo el espectáculo que han montado a su alrededor.

Quizás la diferencia más crucial es que en el clímax, cuando averiguan qué está ocurriendo, Leonard decide seguir viviendo esa mentira, mientras que Toni no sólo no decide nada, sino que suplica que la maten para no seguir con esa inhumana tortura.

Cabría preguntarse cuál de los dos personajes es más culpable. No me cabe duda de que Leonard. Y aun así, es Toni la que recibe un castigo mil veces más severo. El dilema está en que Toni ha cometido un crimen horrible y, encima, ha tenido la mala suerte de convertirse en un personaje mediático odiado por la opinión pública.

Por

Dos cuestiones sobre las que reflexionar

  1. El odio colectivo. Sobra decir que el odio es humano, pero no hay que permitir que nadie lo utilice para otros fines, ya sea un partido político o el Gobierno mismo, o bien la opinión mediática que quiere que odiemos a un determinado famoso o incluso equipo de fútbol. No merece la pena repasar a qué ha llevado el odio colectivo a todos nuestros antepasados durante la Historia.  
  2. La culpa y el castigo. Como el odio, la culpa es un dato: existe, como existe la injusticia y existe el mal. Sin embargo, corre el mismo peligro de tergiversarse que el odio y, como siempre, más aún si se hace de modo colectivo, sin que nadie ponga freno. El punto está en la pregunta, ¿quién tiene derecho a hacer justicia? Con esto no quiero llegar a que debamos cerrar las salas de juzgados y abrir las verjas de las cárceles, pero una cosa es tomar una decisión preventiva y punitiva y otra bien distinta es utilizar la culpa ajena como pretexto para convertirse uno mismo en un criminal. El que esté libre de pecado, que tire la primera piedra [Jn 8:8] fue dicho en una situación análogamente idéntica a la de este episodio. La diferencia es que en este episodio no estaba Jesucristo, sino un sensacionalista presentador de televisión. Que juzgue cada uno qué postura es más justa.
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2 respuestas a Black Mirror 02×02: Oso blanco

  1. Pingback: Análisis de las dos primeras temporadas de Black Mirror | Sota una estrella

  2. pierrerenoir dijo:

    Muy buen análisis del capítulo!

    Saludos.

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