El curioso incidente del perro a medianoche (Mark Haddon)

Nos basta el título para deducir que no se trata de un libro convencional. Son 260 páginas en las que no podemos salir del interior del cerebro de Christopher, un chico de quince años con cierto desorden neurológico (síndrome de Asperger) compensado por una increíble obsesión por los números y las matemáticas.

Breve sinopsis

El detonante se da cuando Wellington, el perro de la señora Shears, vecina de Christopher y su padre, aparece muerto en el jardín, atravesado por un horcón. A partir de ese momento, decide emprender una investigación para saber quién le asesinó, desoyendo los intentos disuasorios de su padre y el resto de los vecinos.

Con esta excusa -o MacGuffin, que diría Hitchcock-, averiguamos la delicada situación familiar de Chritopher: su madre dejó a su padre y se fue a Londres con el marido de la señora Shears, Roger. Desde entonces, ha escrito cartas a Christopher continuamente, pero su Padre las ha interceptado y ocultado, transmitiendo a su hijo la mala noticia de que su madre ha fallecido en el hospital. Pero cuando Christopher encuentra las cartas de su madre, decide ir a Londres él solo a buscarla.

La narración

La narración es íntegramente en primera persona; nadie nos dice nada si no es a través de los oídos de Christopher. Hasta tal punto es así, que los capítulos no responden a los números ordinales puestos de forma ordenada, sino que va saltando de número primo en número primo.

Además, no todos los capítulos hacen avanzar la trama en la misma dirección. A veces Haddon se permite el lujo de intercalar capítulos que hablan de cosas que, aparentemente, no vienen a cuento, como las razones por las que Christopher odia el amarillo y el marrón. No hacen avanzar la historia, pero sirven para caracterizar al personaje como una persona capaz de obcecarse con cualquier cosa, y querer compartirlo así mismo con nosotros.

¡¡MENSAJE DEL AUTOR!!

Este blog pertenece a Josepmaria Anglès, cofundador del grupo Els Valents, un proyecto joven que trata de abrirse camino en el mundo audiovisual aportando contenido de calidad. No pedimos dinero por ello, pero si te gusta este análisis, estaríamos muy agradecidos de contarte entre nuestros fans de la página de Els Valents.

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Cómo es Christopher

El personaje y su construcción psicológica es el gran reto que ha decidido afrontar Mark Haddon, sumergiéndose en la aventura de adentrarse en la cabeza de una persona que no piensa como piensa la mayoría.

Christopher es un chico introvertido, pero eso no le impide hablar de modo directo con personas a las que no conoce si eso la puede ayudar a alcanzar su objetivo: vecinos, policías o conocidos de conocidos. Con quien habla mucho es con su amiga Siobhan, compañera de clase, algo así como una consejera incuestionable. Sin embargo, en cuanto a la afectividad, escasas (o nulas) veces habla de amor o de amistad: las personas son como piezas puestas sobre el tablero de su vida, que pueden serle de ayuda o dejar de serlo, como su Padre, que se convierte en su principal temor en cuanto averigua que ha sido el auténtico asesino de Wellington.

También es sumamente meticuloso, controlador y se sobresalta a la mínima que las cosas toman un rumbo distinto al deseado. Un matemático, un gran genio en acto y en potencia, al fin y al cabo. Tiene tendencia a hacer esquemas mentales -croquis- de todos los lugares nuevos en los que se sumerge, y así mismo los vemos en el libro. También, hasta aquí llega su racionalismo, se deja orientar por datos numéricos (cuántos coches pasan de “x” color) para decidir si será un día Muy bueno, Bueno, Malo…

Otra de las grandes obsesiones del protagonista es la verdad. Su “limitada” mente no se conforma con los discursos comunes, sino que exige que las cosas se digan tal y como son, como hace él mismo.

Cómo se expresa Christopher

Algo que llama la atención es el modo en que Haddon hace escribir a su protagonista. He detectado algunos patrones estilísticos, como por ejemplo:

  • Abuso de la conjunción “y” para entrelazar frases, en lugar de utilizar comas o puntos y seguido. Si habla de las cualidades de un objeto no dice “es así, así y así“, sino “es así y además así y de esta otra forma y también un poco así“. 
  • Justifica constantemente las decisiones que toma. “Volví a preguntarle, porque en una novela policíaca, si alguien no responde se le vuelve a preguntar“.
  • Repite mucho frases perfectamente estructuradas que bien se podrían obviar en la segunda oración. “Quería pegar o pinchar a alguien con mi Navaja del Ejército Suizo, pero no había nadie a quien pegar o pinchar con mi navaja del Ejército Suizo, excepto el reverendo Peters, pero si le pegaba o pinchaba con mi navaja del Ejército Suizo no sería mi supervisor durante el examen“.
  • Reflexiones autorreferenciales hablando de su mente o de su cerebro. Es una de las facetas más interesantes del personaje, a mi modo de ver. “Me dio miedo lo de pensar algo equivocado, como ‘quiero estar de vuelta en casa otra vez’, porque eso significaba que mi mente no estaba funcionando correctamente“.

Deducciones, misterios y acertijos

Me ha fascinado que el libro estuviera repleto de acertijos y reflexiones que te hacen releer el párrafo varias veces y quedarte pensando. Enumero algunas.

El problema de Monty Hall

Supón que estás en un concurso y te han dado a elegir entre tres puertas. Detrás de una de ellas hay un coche y detrás de las otras dos hay cabras. Eliges una puerta, digamos la #1, y el presentador, que sabe lo que hay detrás de cada puerta, abre una de las que no has elegido, digamos la #3, dejando ver detrás de ella a una cabra. Y ahora te pregunta: “¿Quieres quedarte con la puerta #1 o cambiar y abrimos la #2?”

Christopher cita el caso real de Marilyn von Savant, una columnista que respondió que la mejor opción, estadísticamente probada, es cambiar. Como cuentan en este blog, la periodista fue criticada con cientos de cartas que la tachaban de ignorante, pero ella lanzó su demostración y marcó un hito en la historia de los acertijos matemáticos. Se ciñe a este esquema:

Tal como muestra el dibujo, tienes 2/3 de posibilidades de ganar el coche si decides cambiar de puerta. Sin embargo, debo decir -y me encantaría que se generara debate en los comentarios- que no estoy de acuerdo. Me parece un planteamiento engañoso. Viendo este gráfico de arriba, es evidente este 66% de posibilidades de acertar si cambias. Pero la trampa está en ver el caso en conjunto. Si la gráfica se hiciera una vez el presentador ha abierto una de las puertas malas (tapemos la mano la columna del medio), es 50% sin ninguna duda. Porque esta probabilidad, supuestamente cierta, del 66% se plantea, tomando que el coche está en la C, según tres posibilidades:

  1. Elijo la A, con lo que el presentador abre la B. Si no cambio, pierdo. Si cambio, gano
  2. Elijo la B, con lo que el presentador abre la A. Si no cambio, pierdo. Si cambio, gano.
  3. Elijo la C. El presentador, pongamos, abre la A. Si no cambio, gano…. ÉSTE ES EL PROBLEMA, porque no se considera una opción alternativa, que depende directamente de la elección del presentador:
  4. Elijo la C. El presentador abre la B. Si no cambio, gano.

Si es así, 50%. Me parece fascinante lo que pueden llegar a ser las matemáticas.

Sherlock Holmes

En un momento dado, Christopher cita El perro de los Baskerville:

El mundo está lleno de cosas obvias de las que nadie se da cuenta nunca ni de casualidad.

Me gustó mucho la cita, pues resume muy bien qué es lo que sí que hace Christopher a diferencia de todos los que le rodean. Además, también cita dos hechos curiosos:

  1. En los libros originales no se dice que Holmes llevara gorra de cazador; eso se lo inventó el ilustrador Sidney Paget.
  2. En los libros nunca dice “Elemental, querido Watson”.

Las constelaciones

Me hizo mucha gracia cómo Haddon raja de arriba a abajo todo el sistema de constelaciones, con un razonamiento totalmente racional (y algo cínico) que transcribo:

La gente dice que Orión se llama Orión porque Orión era un cazador y la constelación parece un cazador con garrote y arco y flecha, así:
Pero eso es una verdadera tontería porque no son más que estrellas, y podrías unir los puntitos como quisieras, y hacer que pareciese una señora con un paraguas que saluda, o la cafetera de la señora Shears, que es de Italia, con un asa y vapor que sale, o un dinosaurio.
Además en el espacio no hay líneas, así que podrías unir trocitos de Orión con trocitos de la Liebre o Tauro o Géminis y decir que son una constelación llamada El Racimo de Uvas o Jesús o La Bicicleta (sólo que no tenían bicicletas en las épocas romana y griega, que fue cuando llamaron Orión a Orión).
En cualquier caso, Orión no es un cazador o una cafetera o un dinosaurio. Es Betelgeuse y Bellatrix y Alnilam y Rigel y 17 estrellas más de las que no me sé los nombres. Y son explosiones nucleares a billones de kilómetros de aquí.
Y ésa es la verdad.

Un economista, un lógico y un matemático

Es un chiste que cuenta Christopher y que también le caracteriza al 100%. Dice que un economista, un lógico y un matemático van en tren y ven desde la ventana una vaca marrón, colocada mirando en la misma dirección que el tren.

El economista: “Mirad, en Escocia las vacas son marrones”.

El lógico: “No, en Escocia hay vacas, de las cuales una, por lo menos, es marrón”.

El matemático: “No, en Escocia hay por lo menos una vaca, un costado de la cual parece ser marrón”.

El tiempo es un misterio

Me ha llamado gratamente la atención una pequeña reflexión que se hace al final de un capítulo. Después de demostrar, mediante una gráfica que responde a una fórmula matemática, sólo podemos conocer a la vez una pequeña fracción de las cosas que pasan en el universo, lanza la siguiente reflexión:

Y esto significa que el tiempo es un misterio, y que no es ni siquiera una cosa, y nadie ha resuelto jamás el rompecabezas de qué es el tiempo exactamente. Y por eso, si te pierdes en el tiempo es como perderse en un desierto, sólo que no puedes ver el desierto porque no es una cosa.
Y por eso a mí me gustan mucho los horarios, porque son la garantía de que no te vas a perder en el tiempo.

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