El retrato de Dorian Gray (Oscar Wilde)

Después de haberme fascinado con algunos de los cuentos del gran escritor irlandés, como El ruiseñor y la rosa, tenía ganas de abordar la que es su novela por excelencia. En ella, Dorian Gray, un joven apuesto, puro y virtuoso, es pintado en un retrato por el pintor Basil Hallward. El retrato resulta ser una delicia para la vista, por haber conseguido estampar al milímetro la belleza de Dorian. Tanto, que Dorian empieza a sentir envidia de él, ya que mientras el retrato permanecerá así de joven y bello para la posteridad, Dorian será más viejo y feo cada día que pasa. De modo que el joven pronuncia un exabrupto: quiere que ocurra lo contrario, que sea el retrato quien envejezca en su lugar, que el retrato sea un reflejo del estado decadente de su alma, mientras que él se mantiene joven y puro para siempre. Y la vida, curiosamente, le concede este deseo. 

Personajes

La gran baza de Oscar Wilde son las reflexiones, muchas de ellas en forma de diálogo. Y para proponerlas al lector, utiliza sobre todo a tres personajes:

Dorian Gray
El joven es plenamente consciente de su belleza extraordinaria y su capacidad de fascinar a cualquiera. Sin embargo, su corazón es inocente y puro, como el de un niño. Un joven que nunca ha roto un plato, que cuida las formas, que no trata de ofender a nadie. Sin embargo, mal influenciado por lord Henry (y en mucha menor medida por Basil), empezará a desafiar su propia moralidad escudándose detrás del mágico retrato. Porque Basil le “inmortaliza” en el cuadro, literalmente. Desfilará lenta pero inexorablemente por la senda del vicio, hasta hallar la perdición absoluta que se encuentra al final del camino. Realmente, la transformación de Dorian es una perfecta metáfora del famoso relato bíblico de Adán y Eva, que muerden la manzana por curiosidad y son, así, expulsados del Paraíso. 

Basil Hallward
El pintor, con alma e intelecto de artista. Comparte con lord Henry su visión esteticista, es decir, el arte en cuanto exaltación de la belleza. Sin embargo, no lo percibe de una forma tan “pervertida” como lord Henry, sino como algo mucho más maquillado de inocencia. Podemos decir que Basil está a medio camino entre Henry y Dorian. Cuando conoce a éste último, Basil se queda embelesado por su belleza, de la cual saca la inspiración para pintarle ese hermoso cuadro. Hombre melancólico, que a menudo se siente perturbado por lord Henry, a quien ya no quiere hacer mucho caso, y que quiere, por encima de todo, proteger a Dorian.

Lord Henry 
Quizás el personaje más interesante, por lo menos en lo que a diálogos se refiere (puesto que apenas desempeña ninguna “acción”). Lord Henry viene a personificar el hedonismo, el esteticismo que ya hemos mencionado pero no como exaltación de la belleza, sino como búsqueda del placer. Así, la vida merece la pena en función de todas las sensaciones y emociones que puedas exprimir de ella. Cuanto más intensas, más duraderas y más variadas, mejor. Por sus diálogos se presenta a sí mismo como una persona desencantada de la vida (a veces suspira, pues cree que ya nada puede sorprenderle). Es el cinismo hecho carne, con frases sentenciosas y retóricas que bien podría haber tomado Woody Allen como modelo para muchos de sus personajes. Desde luego, sus monólogos son de lo mejor de la novela. Y también es él quien introduce a Dorian en su filosofía hedonista, tanto por sus consejos como por un libro muy perturbador que le presta.

Los grandes temas

Los grandes temas que Wilde pone sobre el tablero los introduce muy especialmente a través de lord Henry. Para él, tal y como repite en más de una ocasión, sólo hay dos cosas que merezca la pena poseer: la belleza y la juventud. Y Dorian posee las dos, y es el miedo a perderlas (avivado por lord Henry) el que le hace dejar de ser un joven que vive la vida y pasar a ser un obseso que quiere aferrarse a ella. De un modo quizás más tangencial, también habla del arte (durante el primer acto) y, por supuesto, del vicio, del que hablaré más abajo. Sobre este anhelo caprichoso de belleza y juventud, hay una frase del propio Dorian al ver su retrato que lo enmarca perfectamente:

Tengo celos de todo aquello cuya belleza no muere. Tengo celos de mi retrato. ¿Por qué ha de conservar lo que yo voy a perder? Cada momento que pasa me quita algo para dárselo a él. ¡Ah, si fuese al revés! ¡Si el cuadro pudiera cambiar y ser yo siempre como ahora! ¿Para qué lo has pintado? Se burlará de mí algún día, ¡se burlará despiadadamente!

En cuanto a esa visión esteticista de la realidad, llevada al extremo se transforma en un triunfo y control del individuo sobre sí mismo, mediante técnicas psicológicas y pura retórica. Podemos incluso atisbar algo del superyó de Freud. Veamos dos citas de Dorian cuando ya ha sido bastante influenciado por lord Henry:

No hables de temas horrendos. Si no se habla de una cosa, no ha sucedido. Como dice Harry, es sólo la expresión la que da realidad a las cosas (…)

¿Qué tiene que ver el tiempo que haya transcurrido en realidad? Sólo las personas superficiales necesitan años para librarse de una emoción. A un hombre que es dueño de sí mismo le resulta tan fácil acabar con una aflicción como inventar un placer. No quiero estar a merced de mis emociones. Quiero utilizarlas, disfrutar de ellas y dominarlas.

Hemos mencionado antes el arte por el arte como forma de vivir la vida. Todo lo relacionado con la estética, la belleza, la moda como lo que realmente construye al individuo. El arte como distintivo de la clase elevada intelectualmente, de los “señores” que quería crear Nietzsche. Veamos un par de fragmentos, de un capítulo en el que apenas avanza la acción, sino que vamos viendo qué cariz ha tomado la vida de Dorian.

(…) uno de aquellos de los que dice Dante que “se hacen perfectos merced al culto a la belleza”. Como Gautier, era alguien para quien “el mundo visible existía”.
Y ciertamente la vida era para él la primera y más grande de todas las artes y, a su lado, todas las demás artes parecían sólo una preparación. La moda, con la cual una cosa realmente fantástica se hace universal por un momento, y el dandismo, que a su manera es un intento de afirmar la absoluta modernidad de la belleza, le resultaba, desde luego, fascinantes.

Todo crimen es vulgar, lo mismo que toda vulgaridad es un crimen (…). El crimen es cosa, exclusivamente, de las clases inferiores. No les culpo en lo más mínimo. Me figuro que el crimen es para ellas lo que el arte es para nosotros, simplemente un método para procurarse sensaciones extraordinarias.

Finalmente, el tema culminante de todo, el principal enemigo de lo que más quieren estos personajes… es la muerte. En algún momento se refieren a ella como una desgracia inevitable, y, además, inexplicable. Dice lord Henry hacia las últimas páginas:

– La muerte es lo único que me aterra. La odio.
– ¿Por qué?
– Porque hoy en día se puede sobrevivir a todo menos a ella. La muerte y la vulgaridad son los dos únicos hechos del siglo diecinueve que no podemos explicar.

El vicio y otros temas internos

Se ha hablado mucho de El retrato de Dorian Gray como una novela llena de insinuaciones homosexuales; es cierto. Por la época en la que se publicó (1890), era impensable hablar explícitamente de la homosexualidad de los protagonistas, y más si recordamos el motivo por el que Wilde fue encarcelado. De este modo, el escritor lo termina refugiando en expresiones muy suaves que bien podría justificarlas como “defensa del esteticismo”. Sin embargo, hay algo que me interesa más aún. Si, paradójicamente, antes estaba “fuera de lugar” hablar de la homosexualidad, hoy lo que parece estarlo es otro de los grandes denominadores de esta novela: el vicio.

Si algo se intuye siempre en la obra de Wilde, es la intuición de que existe el Bien y el Mal, la virtud y el vicio, caminos buenos y caminos malos. Y normalmente, como aquí, se comienza a hablar de él de modo moralista (victoriano, teórico, reprimido) y se termina mostrando de modo práctico (el mal destruye el alma). Sin embargo, hoy hablar del vicio como “mal” o “pecado” parece totalmente fuera de lugar: se nos educa en el placer constantemente. Hoy es preferible hablar de derechos y libertades: el individuo es libre de hacer lo que quiera mientras no haga daño a otros porque de lo contrario, viviríamos en el ya superado moralismo. Esto me recuerda a la famosa frase de Baudelaire: el gran logro del Diablo es hacernos creer que no existe.

En este sentido, es interesante el recorrido que hace Dorian Gray, de una punta del péndulo a la otra, de lo pudoroso y reprimido a lo desenfrenado y hedonista. Wilde parece querer advertirnos que el hombre, si se deja arrastrar por sus pasiones en lugar de intentar ordenarlas, se pierde a sí mismo. Parece haber descubierto que no se trata de pasar de una cosa a la otra, y que todos los personajes de su novela, unos por cínicos y otros por ingenuos, viven erróneamente.

Una lectura interesantísima, brillantemente escrita, especialmente por las reflexiones que se leen y las que se sobreentienden, y por el tono de los diálogos. Ha merecido la pena aventurarme a leerlo. Cada día me gusta más la obra de Oscar Wilde.

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3 respuestas a El retrato de Dorian Gray (Oscar Wilde)

  1. apnuevo dijo:

    Espero que esto no lo moleste, pero creo que hay un párrafo en el que hay que tener cuidado, más aún por ser la presentación de su entrada: “El retrato resulta ser una obra de arte, una delicia para la vista. Tanto, que Dorian empieza a sentir envidia de él, ya que mientras el retrato permanecerá así de joven y bello para la posteridad, Dorian será más viejo y feo cada día que pasa. De modo que el joven formula un deseo: que ocurra lo contrario, que sea el retrato quien envejezca en su lugar, que el retrato sea un reflejo del estado decadente de su alma, mientras que él se mantiene joven y puro para siempre.”

    Hay dos cosas sobre él:

    (1) Parece dar a entender que Dorian siente envidia del cuadro, porque éste “resulta ser una obra de arte”. Mas, como anota usted más adelante, no es el cuadro por sí mismo el que hace que Dorian se sienta así, sino que influyó sobremanera lo que le dijo Lord Henry.

    (2) Creo que decir que Dorian “formula un deseo” es usar una expresión errónea. Más bien, lo pasó parece ser más un exabrupto:

    “- Tengo celos de todo aquello cuya belleza no muere. Tengo celos de mi retrato. ¿Por qué ha de conservar lo que yo voy a perder? Cada momento que pasa me quita algo para dárselo a él. ¡Ah, si fuese al revés! ¡Si el cuadro pudiera cambiar y ser yo siempre como ahora! ¿Para qué los has pintado? Se burlará de mí algún día, ¡se burlará despiadadamente!” (Oscar Wilde. El retrato de Dorian Gray. Traducción: José Luis López Muños. 1ª edición, Madrid: Alianza Editorial. 1999. p. 40)

  2. María José Jiménez dijo:

    La historia es fantástica. El libro es estupendo por como te va narrando lo que le sucede al personaje. La película, a pesar de que tiene que omitir algunos detalles, también es buena y creo que el personaje de Dorian Grey es muy bien interpretado. Te la crees a la perfección.

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