Morir como Edward Bloom

Big fish (Tim Burton, 2003) está entre las cinco películas que más me han marcado y que más han significado para mí. El modo de vivir, trabajar y amar de Edward Bloom debería ser un referente para todos.

Últimamente pienso mucho en una de las últimas escenas: la muerte de Edward Bloom, relatada por su hijo William, con quien se acaba de reconciliar. Los que hayáis visto la película lo recordaréis: se trata de una escena dulcísima, en el que William lleva en brazos a su padre hacia un gran lago, el lago en el que el pez gordo podrá, al fin, nadar en libertad. A lo largo del sendero que les conduce hacia el lago, todos los pintorescos personajes que hemos ido conociendo durante el insólito relato de la vida de Edward se despiden de él con la mano, con una tierna sonrisa en sus rostros. Decenas y decenas de personas, cada una de un lugar distinto, y tan distintas entre sí, que sólo tienen un vínculo en común: todas forman parte de la historia de Edward Bloom. Y, al final, saludan, aplauden y sonríen, como si la vida de un hombre fuera una gran obra de teatro.

La vida me ha llevado, a mis escasos 22 años, por diversas ciudades, por diversos rincones de una porción pequeña del mundo, y he podido conocer y convivir con personas de lo más variopintas. Lugares en los que me he sentido como en casa y lugares en los que me he sentido completamente extraño, como un pez fuera del agua, como el acorde discordante de un punteado de guitarra. A veces echo de menos no haber pertenecido durante toda mi vida a un lugar geográfico concreto, y más cuando regreso al cabo de un tiempo y me doy cuenta de que, como hobbit de vuelta a la Comarca, no puedo volver a vivir como lo hacía antes de partir.

Creo que hoy en día, con lo fácil -y necesario, por desgracia- que se ha vuelto desplazarse de un lugar a otro por motivos académicos, laborales o sencillamente por ganas de conocer horizontes nuevos, somos muchos los que sentimos la extraña sensación de ser de varios sitios y de ninguno a la vez, de que necesitaríamos horas y horas para poder responderle a cualquiera que nos pregunte “¿qué ha sido de ti últimamente?”, y no sólo por el hecho de desplazarnos, sino por todas las circunstancias que nos ha tocado vivir.

Por este motivo me conmueve tanto la escena de Big fish. Pienso lo increíble que sería poder vivir algún día una escena similar a la de la muerte de Edward Bloom.

Imagínatelo: un idílico prado abarrotado de personas a las que has conocido, que en algún momento de tu camino te han tendido la mano, te han dado un abrazo, una caricia, un beso, o simplemente han pasado algunos días trabajando codo con codo contigo, o habéis pasado ratos de charla juntos, o solíais animaros mutuamente la mañana con un “buenos días” o una amable sonrisa. El compañero de oficina de las prácticas de un verano como becario, el portero del bloque de pisos en el que viven tus padres, el profesor que te ayudaba a editar vídeos, la familia que te acogió como si fueras uno más, el famoso que te firmó un cariñoso autógrafo, la mujer que te cuidaba de bebé cuando no estaban tus padres en casa, el camionero de un rodaje con el que pasabas los ratos muertos. Aunque hoy hayas perdido el tan sobrevalorado contacto con muchos de ellos… Qué bello sería poder saludarles a todos, uno por uno, y presentarlos entre ellos, y haceros una foto todos juntos, y decirle a una amiga: “éste es Luis, el chico que te conté una vez que…”, y que de repente todos comprendieran mejor quién eres, quién has sido, por qué eres como eres.

Qué bella es la escena de la despedida de Edward Bloom. Tal vez algún día tengamos la suerte de vivir algo así. O tal vez esa escena sea una bella metáfora de la eternidad que nos aguarda, en la que todo el amor y el cotidiano cariño cosechado en nuestra vida se junte en un gran cántico que nos hará llorar mirando al cielo y decir: “ahora lo entiendo todo”.

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3 respuestas a Morir como Edward Bloom

  1. Pingback: Amar como Edward Bloom | Sota una estrella

  2. Angela Jiménez dijo:

    Precioso comentario,hay quienes viven eso en la vida real,créeme. Mi película preferida

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