“Un marido ideal”, de Oscar Wilde; el amor y los defectos

Siempre es un placer volver a leer a Oscar Wilde, y siempre consigo rescatar alguna perla que sobresale de entre sus ingeniosos diálogos. En esta ocasión, en su obra de teatro Un marido ideal, que rezuma ese humor tan wildeano, tan inglés, con frases punzantes de irónico insulto del estilo de “los músicos siempre quieren que una esté perfectamente muda cuando lo que a una le gustaría es estar absolutamente sorda“, u otra de sus ideas vitales más recurrentes: “oí una vez que cuando los dioses desean castigarnos, atienden nuestros ruegos“. También algunas perlitas de humor “machista”, como “las mujeres tienen un maravilloso instinto de las cosas. Pueden descubrirlo todo, excepto lo evidente“.

En esta escena, Lady Chiltern acaba de averiguar que el origen de la fortuna de su marido fue un fraude, un escándalo. Para ella, su ídolo se viene abajo. Sin embargo, dejando de lado el contexto, la respuesta de Sir Robert sobre qué es amar me parece excelente. Es absurda la comparación, pero me recuerda al verso “para mí, tus defectos son tan espectaculares” de la canción Vull estar amb tu, de Els Catarres. Aquí tenéis el diálogo:

LADY CHILTERN: ¡No, no hables! ¡No digas nada! Tu voz me trae horribles recuerdos… Recuerdos de cosas que me hicieron amarte… Recuerdos que ahora me horrorizan. ¿¡Cómo te adoré!? (…) ¡Oh! ¡Cuando pienso que he hecho de un hombre como tú mi ideal! ¡El ideal de mi vida!

SIR ROBERT CHILTERN: Ése fue tu error. Ésa fue tu equivocación. El error que cometen todas las mujeres. ¿Por qué no podéis amarnos con nuestros defectos? ¿Por qué nos colocáis en monstruosos pedestales? Todos tenemos los pies de barro, tanto los hombres como las mujeres; pero cuando los hombres amamos a las mujeres, las amamos conociendo sus debilidades, sus locuras, sus imperfecciones; las amamos más, si es posible, por esta razón. No es el ser perfecto, sino el imperfecto, el que necesita amor. Cuando nos hemos herido nosotros mismos o nos han herido los demás, es cuando el amor debía venir a curarnos… ¿Para qué otra cosa es el amor? Todos los pecados, excepto el pecado contra él mismo, debía perdonarlos el amor. El amor verdadero debía perdonar todas las vidas, salvo las vidas sin amor. El amor de un hombre es así. Es más grande, más humano que el de una mujer. Tú has hecho de mí un ídolo falso y yo no he tenido el valor de derribarlo, mostrándote mis heridas, contándote mis debilidades. Tenía miedo de perder tu amor, como ahora lo he perdido. (…) Y ahora ante mí se cierne la desgracia, la ruina, la vergüenza, las burlas del mundo: me espera una vida solitaria y deshonrosa, y algún día una muerte solitaria y deshonrosa igualmente. ¡Que las mujeres no vuelvan a hacer ídolos de los hombres! ¡Que no los pongan en altares y se inclinen ante ellos o arruinarán otras vidas tan completamente como tú…, tú, a quien he amado ardientemente… has arruinado la mía!

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