“Camell d’Orient”, el primer villancico de Manel

Mañana es el día de Reyes, y esta noche tocaba compartir el precioso villancico que los Manel nos regalaron hace un tiempo, en Navidades de 2010, aunque fue grabada tres años antes. Camell d’Orient fue concebida como un villancico para niños, y son varios de ellos los que acompañan a la voz de Guillem Gisbert. La instrumental es puramente navideña, con algunos instrumentos de sonido infantil como las maracas, el ukelele o la trompeta, como podemos ver en este ensayo que subieron a Youtube.

Un camello de Oriente entra en la ciudad. Para variar, el protagonista de este breve cuento no es el previsible: no es un rey mago, ni un niño, ni siquiera un paje: es el camello. Por primera vez, el rey va dormido, cansado de repartir regalos. El camello decide tomar las riendas de la noche y se encarga de repartir los regalos que faltan, antes de que, al amanecer, el rey se despierte, desorientado. Trepa por la farola (sería para verlo) y deja los regalos para un niño y una niña, no sin antes aprovechar para observarse en el pesebre y tomar unas neulas y un poco de turrón que les habían dejado preparado.

Es una de las canciones más tiernas que han hecho los Manel, quizás equiparable en este sentido a Aniversari o Ens en sortim. Para mí, una auténtica delicia que no tardará en hacerse un hueco en el cancionero popular de villancicos. 

Ya la teníais traducida en Cataloterapia, pero creo que se merece ser mi post 99 de Sota una estrella. Y la gran pregunta es… ¿Qué post se llevará el lujo de ser el número 100? Pues no lo sé todavía. Se admiten sugerencias.

Que es portin bé els Reis!

Camello de Oriente

Un camello de Oriente entra en la ciudad.
Carga sobre la joroba un saco lleno de regalos.
Pregunta a su rey qué camino han de seguir,
pero el hombre está bien dormido.
El camello le quiere despertar con un grito
que se pierde en la noche.

“Disculpe, taxista, me podría orientar?
Es la Noche de Reyes, como usted ya sabrá.
Un niño y una niña nos están esperando.
Traemos unos paquetes desde muy lejos,
pero el rey ha caído en un sueño profundo,
y estoy tan perdido…”

Brinca el camello, brinca, brinca por la farola.
Descansa en el balcón del piso principal.
Se encuentra pan y agua que le han preparado,
pero el rey duerme en el callejón,
y el camello no quiere desperdiciar la ocasión
de probar unas neulas y un turrón.

Y se mira en el pesebre, y se encuentra atractivo.
Allá entre el musgo, atravesando un río.
Pero no queda tiempo y se acerca al sofà.
Con los dientes saca, con cuidado, del saco,
una bici de colores chillones,
unas muñecas rusas y un soldado.

Un camello de Oriente sale de la ciudad.
La joroba ligera, vacía de regalos.
El rey se despierta y pregunta dónde están.
“Puede estar tranquilo, Majestad”,
contesta la bestia avanzando por el asfalto.
“Ya le avisaré cuando lleguemos”.

Y el sol va saliendo,
y el rey sigue roncando.
Y el sol va saliendo,
y el rey sigue roncando.

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