“El 25 de gener”, de Manel. Los Reyes Magos vuelven a casa.

Siempre en la línea del relato alternativo, los Manel nos sorprendieron en 2012 con este nuevo villancico: El 25 de enero. Porque todos conocemos la historia de los Reyes Magos: su visita a Herodes, su camino siguiendo la estrella, su llegada a Belén, sus tres regalos al Niño Jesús, su marcha siguiendo otro camino… Y hasta aquí. Pero… ¿qué pasó después?

Si cerramos los ojos y escuchamos el tarareo inicial, nos imaginamos al trovador en la plaza de una ciudad medieval, a la luz de las antorchas, ante el oído atento de decenas de niños y curiosos adultos, contando este cuento maravilloso que se sirve de cuerdas y maracas, que puede recordar incluso a un western de Enio Morricone.

Se trata de una canción bastante más compleja de lo que parece. La letra es una hipótesis sobre cómo podrían haber regresado los Reyes tras su paso por Belén. Es interesante pensar que los tres acababan de conocer lo más bello que, sin duda, podría haber existido jamás sobre la Tierra: el mismo Dios encarnado en un Niño recién nacido. Nadie duda de la fuerza que debería haber tenido este hecho para ellos tres. Sin embargo, somos humanos y únicos, y cada uno de ellos, en cuanto regresa, transforma lo ocurrido en una actitud distinta.

Melchor, viendo el camino que le queda hasta llegar a casa, se siente derrotado. Es el más viejo de los tres y las fuerzas empiezan a fallarle. Se observa en el reflejo del río y se ve viejo y desvalido. Incluso por un momento, llevado por su orgullo, se recuerda en su época más esplendorosa, cuando todos los que hoy le tratan como a un anciano le saludaban arrodillados, con respeto.

Baltasar, de carácter mucho más jovial y soñador, se muere de ganas de llegar de nuevo a su palacio. Lo que le ha sucedido le ha dado ganas de regresar a su vida con una perspectiva distinta, y por eso sueña con encontrar una barca que le llevara, suavemente, hasta su hogar, y una vez ahí escoger una mujer y cuidarla, regalándole rosas, y viviendo una vida llena de alegría.

Gaspar, el menos seguro y quizás menos “autoritario” de los tres, ha acampado para descansar junto a sus hombres, que esperan ansiosos una señal para saber por dónde deben continuar. Mientras, uno de los hombres canta en medio de un corro, y el paje más veterano suspira mirando hacia el cielo, recordando lo fácil que era la vida cuando su misión consistía en seguir una estrella, en seguir un camino que ya estaba trazado.

La tenéis traducida en Cataloterapia, y también aquí abajo. Que la disfrutéis y que paséis un feliz 25 de enero!

El 25 de enero

Según los pastores del último pueblo
detrás de los huertos verían unos pinos.
Pasados esos pinos, el campo de oliveras,
y al fondo tres caminos.
Han tomado el desvío y se ha abierto el claro,
y han ordenado a los hombres descanso.
En el campo de oliveres tres reyes se despiden
y estrechan las manos, y estrechan las manos.

Pom, pom, pom, pom,
y estrechan las manos.

Melchor levanta la vista y ve la montaña
que antes del anochecer ha de estar atravesando,
y se quita el sudor con el cuello de la capa
manchada de barro.
Y no quiere ni pensar que las fuerzas se acaban,
y ni os imagináis cómo se enfada cuando
al beber en el río sólo encuentra la cara
de un hombre mayor.
El rey da la orden con el toque de corneta
pensando en aquellos que, hasta hace poco,
le besaban el escudo y entregaban las armas
arrodillados.

Pom, pom, pom, pom,
arrodillados.

Desde encima del camello pega un grito el rey negro:
“¡que haga el favor algún buen soldado
de levantar el culo y hacer un rápido recuento
de raciones de pan!”.
¡Quién pudiese cruzar el bosque y encontrase una barca!
¡Quién antes de dormirse con el brazo estirado
notara cómo los dedos poco a poco recortan
el agua del mar!

¡Quién llegase a palacio y eligiese una mujer,
arrancara unas rosas y le alargara un ramo!
Baltasar tiene el deseo corriendo por las venas
como si fuera sangre.

Pom, pom, pom, pom,
como si fuera sangre.

Gaspar puede sentir clavados en la espalda
los ojos de algunos pajes que están esperando
un toque de atención, quizás una mano levantada,
una orden real.
Uno de los hombres canta en medio de un corro
con la voz más dulce que hayáis oído jamás
una canción antigua que el rey tararea
con los labios cerrados.
El paje más viejo se gira y comenta
mirando un segundo de reojo hacia el cielo:
“¡parece mentira lo bien que vivíamos
siguiendo una estrella!”

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