“Vivències”; anhelos que no se pueden encerrar

La semana pasada llegó a mis manos la peculiar publicación Vivències. Un hombre que había pasado seis años en la cárcel las guardaba en su casa y tuvo el detalle de regalarme dos ejemplares.

Vivències es una revista hecha por y para presos, por iniciativa propia. Presos catalanes. Aquellos que a nadie le importan pero que sienten la necesidad de expresarse y de relacionarse entre ellos. Aquellos que “algo habrán hecho para terminar ahí”. Algunos extranjeros, otros no. Algunos con familia y amigos al otro lado del muro, otros no. Algunos enamorados, otros desencantados. Algunos con ganas de salir, otros con absoluta indiferencia. Y, sin embargo, muchos de ellos se han animado a participar en Vivències enviando sus escritos, desde poesías hasta reflexiones, desde declaraciones de amor hasta humildes confesiones. Con faltas de ortografía y de métrica y de rima, pero probablemente con más sinceridad que la mayoría de los best sellers del mundo libre. Como la famosa Balada de la cárcel de Reading, escrita por Oscar Wilde durante su estancia en la cárcel.

Siempre me ha llamado la atención cómo las circunstancias dolorosas son las que sacan lo más humano de nosotros. La sensibilidad, entre otras cosas. La poesía, el desgarro, el llanto. Por eso, remitiéndome por decimonovena vez en este blog a la película Big Fish, en una ciudad como Spectro no puede brotar jamás la poesía; todo es tibio bienestar.

Quiero hacer un pequeño recorrido por algunas de las poesías que más me han gustado de estos dos números de Vivències. Es llamativo que en muchas de ellas, al terminar, dicen algo como “busco mujer para cartearme; el físico no importa, pero que tenga buen corazón” (esta publicación recorre diversas cárceles, tanto de hombres como de mujeres). Es alucinante cómo al final sólo buscamos un que nos escuche, nos mire, nos entienda, nos ame. Es una condición que parece inscrita a fuego en nuestra naturaleza. Y es alucinante hasta qué extremos de la vida hay que llegar a veces para darnos cuenta.

Estos primeros poemas son, como una gran mayoría, de amor. Amor sentido como absoluta y única necesidad para la vida. Amor mezclado con arrepentimiento, con melancolía, con desesperación o con esperanza. Un suspiro que vuela más allá de los muros de la prisión.

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Otro gran lugar común en muchos de estos poemas es el deseo de libertad. Este poema es, quizás, el que más me ha gustado de todos.

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Como os comentaba al principio, algunos son un lamento. Dejan entrever un profundo dolor y un incurable remordimiento por un error cometido. Éste en concreto me ha recordado a aquella canción que compartí hace tiempo, I hung my head: por una tontería, por un despiste o una mala decisión, por “portarme mal un día”.

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Finalmente, algunos que muestran el descontento por el “lado oscuro” del presunto progreso en el que vivimos inmersos, con nostalgia por el pasado.

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