Mi fiesta del cine (II): Pensar, disfrutar, reír y llorar… Sin salir de Europa

Por segunda vez, he querido exprimir al máximo la promoción de la fiesta del cine. Como era de esperar, un acontecimiento extraordinario deja de serlo en la medida en que se convierte en rutina; no ha habido tantas aglomeraciones como en la primera edición, ni muchísimo menos, lo cual también es de agradecer. Podéis ver aquí lo que escribí tras mi primera fiesta del cine.

Empiezo a comentar brevemente cada una de las películas que he visto durante estos tres días. Veréis que son de lo más dispares. Además, puedo presumir (modo gafas de pasta ON) de haberlas visto todas en versión original.

1. Oh boy

Tirando de filmaffinity: Niko (Tom Schilling) es un joven veinteañero que abandona la universidad y acaba vagando por las calles de Berlín. Sólo con esta premisa ya nos imaginamos por dónde irán los tiros: cine de autor. Cine alemán. Frases ingeniosas. Pensamientos en el aire. Relato personal lleno de -valga la redundancia- personalidad.

Me quedo con la frase de la crítica de Luis Martínez, de El Mundo: “Una brillante y desolada reivindicación de la derrota“. Efectivamente, la vida de Niko es como una prolongación del típico día en el que “nada podría haber salido peor”. A veces esto sucede en forma de gag divertido, con generosa carga de comedia y sarcasmo, que te hará pensar para tus adentros “vaya un gafe está hecho!”.

Tanto el protagonista como el resto de personajes tienen cierta frustración dentro de su vida: profesional, a veces, pero sobre todo familiar o amorosa. La ópera prima de Jan Ole Ester es como coger de la mano a un avispado “vagabundo” y acompañarlo por las rocambolescas calles de Berlín.

Lo mejor: el protagonista (Tom Schilling) y cómo encarna ese espíritu tan rebelde como perdido que resulta ser el único hilo conductor. Los diálogos, con un punto de ironía (cuando le quitan el carnet de coche), al igual que las situaciones surrealistas (el mendigo que duerme junto al cajero) que convierten a Niko en un auténtico gafe, con todas sus letras. Lo mismo con el final, tan agridulce, tan humano.

Lo peor: un poco tediosa a ratos, quizás con demasiados silencios debido a esa narrativa tan de autor. Lo mismo el blanco y negro; comprensible, pero un poco pesado. También el hecho -premeditado- de que todas las subtramas se van esfumando: como la vida misma de un vagabundo.

2. El gran hotel Budapest

Es la primera película de Wes Anderson que veo (adelante; lapidadme), así que no pude ser de los que salió diciendo que “es como todas las anteriores”. Tengo que admitir que me acerqué con mucha curiosidad a este filme: el cartel me recordaba muchísimo a dos juegos de mesa: el Cluedo y La herencia de tía Agatha. Ninguno de los dos va desencaminado.

Simetría, precisión pictórica, cuento infantil en movimiento, constante ironía y burla de la formalidad y la civilización. Un cuento detectivesco de Disney contado para adultos de todas las culturas. Lo comparo con Disney porque el planteamiento es bien parecido al de un videojuego: misiones muy concretas, una tras otra, que tienen que resolverse con ingenio. También me recuerda, por eso, a las aventuras gráficas.

El protagonista, Gustave H., es una mezcla de Johnny Depp como Willy Wonka y Steve Martin como inspector Clousseau, pero quedándose con la parte excéntrica y lanzada y quitando la parte patosa y ridícula. Es interesante que la narración retroceda y avance en el tiempo continuamente y sea hilada por Zero, interpretado por un intrépido Tony Revolori.

Una película que se disfruta desde el principio, que hace reír y sonreír, que resulta amena y verdaderamente entretenida.

Lo mejor: la música; es lo que aporta el 70% al disfrute del visionado, sin que nos demos cuenta de ello. También la estética de cuento, sobre todo por los grandes planos generales del hotel (tan simétrico, tan señorial), por fuera y por dentro, y por otros planos como los del teleférico, que parecen más de dibujo animado y pensamos que nos chiflaría subirnos a uno de ellos. Remarco también la narración y su división en capítulos. En resumen, todo aquello que quiere asemejarlo a un cuento, como en Big Fish. Y, por supuesto, la dirección artística y la fotografía: cada plano es un cuadro. ¿Una escena? La fuga de la cárcel.

Lo peor: todo es tan extravagante y “personal” que a veces confunde, como el mismo título; el hotel no tiene tantísimo protagonismo como parecía al principio, ya que hay muchas más localizaciones de las que te puedes imaginar. El exceso de personajes y de temas (la guerra, la herencia, el hotel, el cuadro, el testamento, varios crímenes, etc) puede poner en peligro la unidad narrativa. O podría haberlo hecho. También se repiten mucho el mismo tipo de travellings y panorámicas, como cuando un novelista utiliza siempre las mismas palabras. Sin embargo, se nota todo tan medido al milímetro que te lo comes con patatas. Aunque sea por la música. 

3. Ocho apellidos vascos

Altas eran mis expectativas hacia el pelotazo del cine español de este año. Siempre me fastidia un poco que una buena película lleve el sello de Mediaset (Telecinco), pero esto es un asunto personal. También partía de un cierto prejuicio hacia el humor que me iba a encontrar: nunca me he reído mucho con Dani Rovira ni con los sketches de Vaya Semanita. Pero, ¡qué demonios!, todo el mundo merece una segunda oportunidad.

Escrita por Borja Cobeaga y Diego San José (los guionistas de Pagafantas), el guion se nota trabajado y reescrito con un manual de guiones como libro de cabecera: esparciendo los tópicos con mayor densidad al principio y más esporádicamente a medida que avanza el relato, recogiendo todo aquello que se siembra creando así la comicidad del “¡ostras, claro, ya no me acordaba!” en el espectador (el móvil de Rafa, la casa de Merche, la estancia en la cárcel con los borrokas). Todo hilado con la precisión del sastre que sabe que la dosificación cuidadosa de la información es garantía de que un guion funcionará en la gran pantalla.

La historia se desarrolla con dinamismo, respetando el principio fundamental de que el conflicto debe ir SIEMPRE en aumento: el protagonista debe tomar cada vez decisiones más arriesgadas, crear más puntos de no retorno. Es cierto que la película cojea un poco en el tercer acto, porque ya todos sabemos cómo va a terminar y dicho desenlace se hace un poco de rogar.

Bocanada de aire fresco para el cine español de comedia; sabemos reírnos de nosotros mismos, sanamente y sin necesidad de recurrir a la vulgaridad de Torrente. Creo que ése es un paso importante.

Lo mejor: conseguir que miles de personas se rían, sin mucho enfado de las partes perjudicadas, de algo tan rico y tan nuestro como es la diversidad peninsular, con todos los clichés que conocemos desde que tenemos memoria. Del reparto destaco a Karra Elejalde, aunque los cuatro lo bordan. Y, cómo no, el final. El final es el previsible colofón del feel good, el gancho para que la gente salga con una tierna sonrisa y dispuesta a seguir alimentando el boca-oreja que ha colocado a esta película en lo más alto. Termina como debe terminar: ahora es ella quien va a buscarle a él, y todo amenizado con la alegre canción Sevilla tiene un color especial. Un guion que sabe cerrar círculos antes de pasar a los títulos de crédito.

Lo peor: bromas algo reiterativas -como era de esperar- y guion con bastantes flaquezas de verosimilitud. Flaquezas que se perdonan por tratarse, bendito género, de una comedia. Por mencionar algunas: el repentino enamoramiento, que una mujer se deje su bolso en casa de un desconocido, que Rafa de repente le escupa toda la verdad al cura… Hubiera sido bueno explotar un poco más a Carmen Machi y menos a Dani Rovira. También es cierto que muchas veces se habla, dentro de la película, de los mismos tópicos, como diciendo: “espectador, si no lo has entendido aún, este personaje hace esto porque existe el tópico de que los vascos/andaluces…”. Esto ocurre sobre todo al principio, y no hacía falta, porque es una película de españoles para españoles.

4. Kamikaze

Técnicamente, no he visto la película en el cine. Sin embargo, está de estreno estos días y tuve ocasión, durante el verano, de ver una primera versión de montaje, con lo cual me pude hacer una idea del producto final.

Es la apuesta distinta de Atresmedia Cine para 2014. Kamikaze me pareció una auténtica delicia de película, y es una lástima que tenga la competencia de Ocho apellidos vascos (también con Carmen Machi), española y mucho más arrolladora en taquilla, porque francamente es un filme que hace reír y llorar y que merece la pena ver por esa catarsis que provoca. Creo que sube bastante el listón del cine español de cierta factura, y, como ya he dicho, es una lástima que no vaya a recibir más reconocimiento por parte del público.

Para no enrollarme más, os adjunto la crítica que escribí para TAC.

Lo mejor: la transformación del protagonista y cómo la historia te golpea el corazón, recordándote que sólo el amor puede salvarte la vida. También el humor que genera el choque de caracteres de los personajes y las situaciones.

Lo peor: precisamente, lo que la ha hecho pasar desapercibida: la confusión del género dramático (terrorista que va a inmolarse) con el cómico. Es su mayor fuerte y, por desgracia, su mayor debilidad.

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