London #5: C. S. Lewis en un mundo cambiante

Uno de los autores que tenía ganas de conocer un poco era C. S. Lewis. Hace años que había oído hablar de Cartas del diablo a su sobrino (The Screwtape Letters), y hace poco, al fin, lo hallé en una estantería del piso en el que vivo.

Creo que no hace falta ser de ninguna ideología ni religión en concreto para bucear en esta novela-ensayo, publicada en 1942, y estremecerse por cómo parecía advertirnos, no sólo del “sentir global” de nuestra época, sino del modo interior de vivirla de la mayoría de nosotros.

Como no quiero extenderme mucho, me limito a traducir un fragmento que leí hace dos días y que me hizo pensar mucho en nuestra querida Posmodernidad. Se trata de la carta 25, en la que Screwtape revela su intención de hacer que los humanos aborrezcan the Same Old Thing; las cosas viejas de siempre.

El horror ante las Viejas Cosas de Siempre es una de las pasiones más valiosas que hemos producido en el corazón de los hombres; una fuente inagotable de heregías en la religión, infidelidades en el matrimonio e inconstancia en las amistades. Los hombres viven en el tiempo, y experimentan la realidad como un “suceder”. Por tanto, ellos deben experimentar cambio. Dado esto, el Enemigo (un hedonista del corazón) ha hecho del cambio algo placentero para ellos, del mismo modo que ha hecho de comer algo placentero. (…) Él ha equilibrado el amor por el cambio con un amor por la permanencia, (…) con esa unión de cambio y permanencia que nosotros llamamos Ritmo. Así, Él les da las estaciones, diferentes aunque cada año las mismas, de modo que la primavera siempre se percibe como una novedad (…).

El placer por la novedad es, por propia naturaleza, el placer más sujeto a la ley del rendimiento decreciente [cada vez hay mas deseo y menos placer en ello]. Y la contínua novedad cuesta dinero, de modo que el deseo por ella se acaba maldiciendo como avaricia o infelicidad o ambas. (…)

Finalmente, el deseo de novedad es indispensable si queremos producir modas, cuya utilidad es la de distraer la atención de los hombres de los peligros reales de las mismas. (…)

Al adjetivo descriptivo “invariable” lo hemos sustituido con el adjetivo emocional “estancado“.

Hasta aquí puedo leer.

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