Black Velvet Band

Este verano tuve ocasión, por primera vez, de pisar Irlanda. Estuve varios días en Dublín e hice un pequeño tour hasta Dingle y Tralee, pasando por Cork. Tal y como me esperaba, los paisajes eran cautivadores. En cuanto a la capital, como ciudad no me pareció que tuviera mucho. Pero de noche era otra cosa: la vida que hay en los pubs y la calidad de la música en directo hacían que mereciera la pena pagar la burrada que cuesta la pinta de cerveza.

De entre todas las canciones que escuché había muchas que ya conocía. Me había propuesto compartir aquí algunas, para obligarme a comprenderlas un poco mejor. La pregunta era: ¿por cuál empezar?

Hace poco he comenzado a ver la serie Peaky Blinders. Altamente recomendable. En el segundo capítulo, una de las protagonistas comienza a cantar, lentamente, Black Velvet Band. Últimamente la había escuchado bastante, en concreto esta versión de los Irish Rovers que os comparto más abajo. Lo de la serie ha sido una señal: debía empezar por aquí.

Me informa Wikipedia de que la canción tiene distintas versiones a lo largo del mundo anglosajón. Todas tienen en común la temática: un pobre hombre es juzgado y condenado por un robo que no ha cometido, por culpa de una atractiva chica que conoce en un bar, que es la auténtica ladrona. El castigo, en esta versión, consiste en la deportación a Van Diemen’s Land, lo que sería, a partir de 1856, Tasmania, actualmente parte de Australia.

El estribillo es lo que está en cursiva, y se repite entre estrofa y estrofa. ¡Que la disfrutéis!

Venda de terciopelo negro

Sus ojos eran como diamantes,
usted pensaría que era la reina de la ciudad,
y su cabello caía sobre su hombro
atado con una venda de terciopelo negro.

A un pequeño pueblo que llamaban Belfast
como aprendiz de comerciante yo fui,
y muchas horas de dulce felicidad
pasé en ese pequeño y limpio pueblo.
Hasta que llegó la desgracia
que me hizo alejarme de esa tierra,
lejos de mí amigos y relaciones
por seguir la venda de terciopelo negro.

Bueno, salí a pasear una tarde,
no quería ir muy lejos
cuando me encontré con una caprichosa joven
que estaba vendiendo en el bar.
Vi que tomó dinero de un cliente
y lo deslizó directo a mi mano,
entonces la ley llegó y me puso en la cárcel,
¡maldita sea su venda de terciopelo negro!

La mañana siguiente ante el juez y el jurado
para el juicio tuve que comparecer,
y el juez me dice: “Joven,
el caso contra usted es muy claro
y largos, largos años son su sentencia
de ir a Van Diemen’s Land,
lejos de sus amigos y relaciones,
por culpa de la venda de terciopelo negro”.

Así que venid todos, alegres jóvenes.
Vais a tener que tomar una advertencia mía: 
cuando alguna vez vayais a la licorería
tened cuidado con las chicas hermosas, 
porque os llenarán de whisky y porter
hasta que no seáis capaces de teneros en pie,
y la próxima cosa, amigos, es aterrizar en Van Diemen’s Land.

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