“La vida es sueño”, de Calderón de la Barca

Resultado de imagen de la vida es sueñoCuando leí El alcalde de Zalamea, de Calderón de la Barca, alguien me dijo que debería leer La vida es sueño, al tratarse de su obra más reconocida. Así que este verano, cuando me fui a hacer el Camino de Santiago (por segunda vez), me llevé el libro conmigo para terminar de leerlo por las noches, en los albergues del Camino, cosa algo complicada porque los ojos se me cerraban con una facilidad inusitada. Lo cual me lleva a pensar que ningún otro título hubiera sido tan oportuno para este contexto como La vida es sueño.

Al igual que me ocurrió con El alcalde de Zalamea, debo confesar que La vida es sueño me costó un poco de entender. Me apoyaba a veces buscando resúmenes por internet, para tratar de asumir el contexto en el que se desarrollaban los actos y comprender exactamente qué acciones ocurrían en la escena. Así pues, para que podáis disfrutar de estos fragmentos que aquí os vengo a ofrecer, os dejo previamente un breve resumen de la obra (sobra decir que contiene spoiler).

RESUMEN DE LA TRAMA PRINCIPAL:

El rey de Polonia, Basilio, tras conocer la profecía de que su hijo Segismundo sería un rey cruel, decidió encerrarlo en una torre, fingiendo su muerte ante el pueblo. Este secreto es descubierto por Rosaura y su escudero Clarín, que viajan a Polonia para tomar venganza del prometido de Rosaura, Astolfo, y limpiar su honra. Astolfo es el sobrino del rey Basilio, así que sería el heredero del trono en caso de la ausencia de Segismundo. Basilio decide liberar a su hijo para comprobar si la profecía se cumplía y él es un rey tirano. Segismundo es drogado para que crea que toda su reclusión en la torre ha sido un simple sueño.

Cuando Segismundo es liberado, se porta como un tirano. Así pues, Basilio decide drogarlo y encerrarlo de nuevo. Segismundo vuelve a despertar y cree, ahora, que sus breves momentos como rey de Polonia han sido un sueño.

Al enterarse el pueblo que Basilio ha encerrado a su hijo heredero, organiza una revuelta y libera a Segismundo. Las tropas del Rey y las de Segismundo entran en batalla. Vencen las tropas de Segismundo y el Rey se pone en sus manos, pero Segismundo se postra ante los pies de su padre. En vista de esta actitud, el rey decide dejar que su hijo herede el trono

Resultado de imagen de la vida es sueño teatro

Ahora sí, después de este resumen os dejo con algunos de los fragmentos que más me han gustado.

En este fragmento, Segismundo, encerrado en la torre, se lamenta de su desventura, se pregunta qué mal ha hecho él para que le tengan encerrado en una prisión. Siente que, para él, el mismo nacer ha sido todo su delito, y compara su situación con la de tantos animales que, pese a tener “menos alma, instinto, albedrío o vida”, tienen “más libertad” que él:

SEGISMUNDO
Sólo quisiera saber
para apurar mis desvelos
(dejando a una parte, cielos,
el delito de nacer),
qué más os pude ofender
para castigarme más.
¿No nacieron los demás?
Pues si los demás nacieron,
¿qué privilegios tuvieron
qué yo no gocé jamás?

Nace el ave, y con las galas
que le dan belleza suma,
apenas es flor de pluma
o ramillete con alas,
cuando las etéreas salas
corta con velocidad,
negándose a la piedad
del nido que deja en calma;
¿y teniendo yo más alma,
tengo menos libertad?

Nace el bruto, y con la piel
que dibujan manchas bellas,
apenas signo es de estrellas
(gracias al docto pincel),
cuando, atrevida y crüel
la humana necesidad
le enseña a tener crueldad,
monstruo de su laberinto;
¿y yo, con mejor instinto,
tengo menos libertad?

Nace el pez, que no respira,
aborto de ovas y lamas,
y apenas, bajel de escamas,
sobre las ondas se mira,
cuando a todas partes gira,
midiendo la inmensidad
de tanta capacidad
como le da el centro frío;
¿y yo, con más albedrío,
tengo menos libertad?

Nace el arroyo, culebra
que entre flores se desata,
y apenas, sierpe de plata,
entre las flores se quiebra,
cuando músico celebra
de las flores la piedad
que le dan la majestad
del campo abierto a su huida;
¿y teniendo yo más vida
tengo menos libertad?

En llegando a esta pasión,
un volcán, un Etna hecho,
quisiera sacar del pecho
pedazos del corazón.
¿Qué ley, justicia o razón,
negar a los hombres sabe
privilegio tan süave,
excepción tan principal,
que Dios le ha dado a un cristal,
a un pez, a un bruto y a un ave?

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Cuando Segismundo se encuentra con Rosaura (la segunda persona a la que ve en su vida, después de Clotaldo, su alcaide), Segismundo le dirige estas palabras, comenzando por decir que en estos años ha estado estudiando todo lo que Clotaldo le iba enseñando, que poco valor tiene para él comparado con conocer a una persona. Tiene un juego de palabras muy chulo con los verbos “ver” y “morir”:

SEGISMUNDO
Y aunque en desdichas tan graves
la política he estudiado,
de los brutos enseñado,
advertido de las aves;
y de los astros süaves
los círculos he medido:
tú sólo, tú, has suspendido
la pasión a mis enojos,
la suspensión a mis ojos,
la admiración al oído.

Con cada vez que te veo
nueva admiración me das,
y cuando te miro más,
aún más mirarte deseo.
Ojos hidrópicos creo
que mis ojos deben ser,
pues cuando es muerte el beber
beben más, y desta suerte,
viendo que el ver me da muerte
estoy muriendo por ver.

Pero véate yo y muera,
que no sé, rendido ya,
si el verte muerte me da
el no verte qué me diera.
Fuera más que muerte fiera,
ira, rabia y dolor fuerte;
fuera muerte, desta suerte
su rigor he ponderado,
pues dar vida a un desdichado
es dar a un dichoso muerte.

A lo que responde Rosaura (que en este momento va disfrazada de hombre, de ahí que se conjugue en masculino) con unos versos que recordaba de haberlos aprendido en el colegio. “Cuentan de un sabio que un día…”. Viene a ejemplificar que una forma de aliviar los males es compararse con otra persona que esté todavía peor, y eso es precisamente lo que ha sentido Rosaura al conocer al pobre Segismundo:

ROSAURA
Cuentan de un sabio, que un día
tan pobre y mísero estaba,
que sólo se sustentaba
de unas yerbas que cogía.
¿Habrá otro, entre sí decía,
más pobre y triste que yo?
Y cuando el rostro volvió,
halló la respuesta, viendo
que iba otro sabio cogiendo
las hojas que él arrojó.

Quejoso de la fortuna
yo en este mundo vivía,
y cuando entre mí decía:
¿habrá otra persona alguna
de suerte más importuna?
piadoso me has respondido,
pues volviendo en mi sentido
hallo que las penas mías
para hacerlas tú alegrías
las hubieras recogido.

Me hizo gracia también esta réplica de Rosaura a Clotaldo, la comparto también con vosotros:

Rosaura
Respóndate retórico el silencio;
cuando tan torpe la razón se halla,
mejor habla, señor, quien mejor calla.

Cuando Estrella le dice a Rosaura “bien sabrás lo que es el amor“, ella recita este extenso soliloquio, relacionado con una de las subtramas amorosas de la obra:

Rosaura
¡Ojalá no lo supiese!
¡Válgame el cielo! ¿Quién fuera
tan atenta y tan prudente
que supiera aconsejarse
hoy en ocasión tan fuerte?
¿Habrá persona en el mundo
a quien el cielo inclemente
con más desdichas combata
y con más pesares cerque?
¿Qué haré en tantas confusiones,
donde imposible parece
que halle razón que me alivie,
ni alivio que me consuele?
Desde la primer desdicha
no hay suceso ni accidente
que otra desdicha no sea;
que unas a otras suceden,
herederas de sí mismas.
A la imitación del fénix,
unas de las otras nacen,
viviendo de lo que mueren;
y siempre de sus cenizas
está el sepulcro caliente.

Resultado de imagen de la vida es sueño segismundo monologo

La idea central de la obra (el espejismo de los sueños respecto a la realidad), de donde viene el título, da lugar a varias escenas similares a ésta, que tiene lugar cuando Segismundo, después de haber sido rey por un breve período de tiempo, es encerrado de nuevo en la torre:

Segismundo
No,
ni aun agora he despertado;
que según, Clotaldo, entiendo,
todavía estoy durmiendo,
y no estoy muy engañado.
Porque si ha sido soñado
lo que vi palpable y cierto,
lo que veo será incierto;
y no es mucho que rendido,
pues veo estando dormido
que sueñe estando despierto.

Clotaldo
Lo que soñaste me di.

Segismundo:
Supuesto que sueño fue,
no diré lo que soñé;
lo que vi, Clotaldo, sí.
Yo desperté, y yo me vi
(¡qué crueldad tan lisonjera!)
en un lecho que pudiera,
con matices y colores,
ser el catre de las flores
que tejió la primavera.
Aquí mil nobles rendidos
a mis pies nombre me dieron
de su príncipe, y sirvieron
galas, joyas y vestidos.
La calma de mis sentidos
tú trocaste en alegría,
diciendo la dicha mía;
que, aunque estoy desta manera,
príncipe en Polonia era.

Poco tiempo después, tiene lugar este monólogo de Segismundo, en el que sentencia haber llegado a la conclusión de que “toda la vida es sueño”. Los últimos versos son los más memorables de toda la obra:

Segismundo
Es verdad; pues reprimamos
esta fiera condición,
esta furia, esta ambición
por si alguna vez soñamos.
Y sí haremos, pues estamos
en mundo tan singular,
que el vivir sólo es soñar;
y la experiencia me enseña
que el hombre que vive sueña
lo que es hasta despertar.
Sueña el rey que es rey, y vive
con este engaño mandando,
disponiendo y gobernando;
y este aplauso que recibe
prestado, en el viento escribe,
y en cenizas le convierte
la muerte (¡desdicha fuerte!);
¡que hay quien intente reinar,
viendo que ha de despertar
en el sueño de la muerte!
Sueña el rico en su riqueza
que más cuidados le ofrece;
sueña el pobre que padece
su miseria y su pobreza;
sueña el que a medrar empieza,
sueña el que afana y pretende,
sueña el que agravia y ofende;
y en el mundo, en conclusión,
todos sueñan lo que son,
aunque ninguno lo entiende.
Yo sueño que estoy aquí
destas prisiones cargado,
y soñé que en otro estado
más lisonjero me vi.
¿Qué es la vida? Un frenesí.
¿Qué es la vida? Una ilusión,
una sombra, una ficción,
y el mayor bien es pequeño;
que toda la vida es sueño,
y los sueños, sueños son.

Más adelante, ya a punto de estallar la guerra y tras perdonar la vida a Clotaldo, Segismundo recita estos versos:

Segismundo
A reinar, fortuna, vamos;
no me despiertes, si duermo,
y si es verdad, no me duermas.
Mas, sea verdad o sueño,
obrar bien es lo que importa.
Si fuere verdad, por serlo;
si no, por ganar amigos
para cuando despertemos.

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En un momento dado, Rosaura relata toda su vida a Segismundo. Esta parte es muy extensa, pero este fragmento de Rosaura hablando con su madre tiene algunos versos que me gustaron especialmente:

Rosaura
y declarándome muda,
porque hay penas y congojas
que las dicen los afectos
mucho mejor que la boca,
dije mis penas callando,
hasta que una vez a solas
Violante mi madre ¡ay cielos!
rompió la prisión, y en tropa
del pecho salieron juntas,
tropezando unas con otras.
No me embaracé en decirlas;
que en sabiendo una persona
que a quien sus flaquezas cuenta
ha sido cómplice en otras,
parece que ya le hace
la salva y le desahoga;
que a veces el mal ejemplo
sirve de algo. En fin, piadosa
oyó mis quejas, y quiso
consolarme con las propias.
Juez que ha sido delincuente,
¡qué fácilmente perdona!

Este mismo diálogo termina con Rosaura haciendo un juego de palabras muy curioso, teniendo en cuenta que anteriormente se hizo pasar por un hombre.

Rosaura
Mujer, vengo a persuadirte
el remedio de mi honra,
y varón, vengo a alentarte
a que cobres tu corona.
Mujer, vengo a enternecerte
cuando a tus plantas me ponga,
y varón, vengo a servirte
cuando a tus gentes socorra.
Mujer, vengo a que me valgas
en mi agravio y mi congoja,
y varón vengo a valerte
con mi acero y mi persona.
Y así piensa que si hoy
como a mujer me enamoras,
como varón te daré
la muerte en defensa honrosa
de mi honor; porque he de ser,
en su conquista, amorosa,
mujer para darte quejas,
varón para ganar honras.

Segismundo
Cielos, si es verdad que sueño,
suspendedme la memoria,
que no es posible que quepan
en un sueño tantas cosas.
¡Válgame Dios! ¡Quién supiera
o saber salir de todas,
o no pensar en ninguna!

Ya para terminar (¡cuántos fragmentos he compartido esta vez!), los últimos versos de Segismundo, siempre tratando de ser com una moraleja de todo lo que hemos visto:

Segismundo
¿Qué os admira? ¿Qué os espanta,
si fue mi maestro un sueño,
y estoy temiendo en mis ansias
que he de despertar y hallarme
otra vez en mi cerrada
prisión? Y cuando no sea,
el soñarlo sólo basta;
pues así llegué a saber
que toda la dicha humana,
en fin, pasa como sueño.
Y quiero hoy aprovecharla
el tiempo que me durare,
pidiendo de nuestras faltas
perdón, pues de pechos nobles
es tan propio el perdonarlas.

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