Lo que no sabías sobre “Un pez gordo”, la novela en la que se inspiró la película “Big Fish”

Han pasado varios años desde que escribí el post Morir como Edward Bloom. Es, sin duda, uno de los posts que guardo con más cariño en este blog. Al comienzo del mismo, comentaba que Big Fish (Tim Burton, 2003) “está entre las cinco películas que más me han marcado y que más han significado para mí”. A día de hoy podría decir que es, probablemente, la película que más significa para mí.

Resultado de imagen de un pez gordo daniel wallace

Siempre había tenido curiosidad por leer la novela homónima de Daniel Wallace, en la que John August, el guionista de la película, se basó para tan precioso guion. De modo que uno de los regalos que me hicieron por mi 27º cumpleaños fue, ni más ni menos, que un ejemplar de Un pez gordo (os lo dejo enlazado en pdf).

Me gustaría contaros un poco las impresiones que he tenido al leer la novela. Y, puestos a zambullirnos en esta historia, os recomiendo hacerlo escuchando la banda sonora de la película, del gran Danny Elfman. ¡Vamos allá!

Una adaptación muy, muy libre

Lo primero que me llamaba la atención a medida que leía la novela fue darme cuenta de lo poco que se parece a la película. Si nos centramos solamente en las “acciones” (escenas, hechos, etc), encontramos que la película tiene, más o menos, un 30% en común con la novela. Hay, en cambio, muchos ingredientes que se usaron de forma distinta en la novela que en la película.

Por citar algunos ejemplos:

Karl, el gigante

En la novela, el inicio de esta subtrama es similar. Karl, el gigante, llega a Ashland, aterroriza a la población, y Edward se propone salvar la situación. Va a la cueva, se ofrece como sacrificio humano, pero el gigante resulta ser un “pobre incomprendido”. Pero, en la novela, el de Karl es un capítulo autoconclusivo: Edward le propone que se haga granjero, y Karl se queda en Ashland trabajando como granjero, todo ello como un ejemplo más de la capacidad de Edward para “hechizar y convencer” a cualquiera.

Captura de pantalla 2018-10-06 a las 20.06.38

John August, por el contrario, debió de ver potencial en esta subtrama e hizo que la solución de Edward consistiera en ofrecerle al gigante irse con él a buscar otro lugar. “¿Crees que este pueblo es demasiado pequeño para ti? ¡También lo es para un hombre con mis ambiciones!“. Karl aparece varias veces más; en el circo, cuando reparan la casa de Jenny Hill, etc. La verdad es que da bastante juego.

Spectro y el cancerbero

En la novela, toda la gente que quiere salir de Ashland, el pequeño pueblo de Alabama, (que en la película se llama Ashton) tiene que enfrentarse a una especie de “limbo” dominado por un perro rabioso, un cancerbero, que prácticamente no deja que nadie pueda salir. Esto incluye a Norther Winslow, el poeta, personaje que en la novela aparece sólo en este momento pero que en la película, encarnado por el extravagante Steve Buscemi, es uno de los más divertidos.

Este lugar representa una especie de tentación de permanecer en la zona de confort; un lugar lleno de ocio (tomar el té, sobre todo), con una mujer aparentemente “ideal”, etc. Por otro lado, en la novela, Spectro es simplemente el pueblo que Edward Bloom decide comprar. Así pues, John August decidió “fusionar” el “limbo de confort” y el pueblo Spectro, para darle mayor unidad al guion. Es una regla básica del buen guionista: tratar de simplificar y fusionar al máximo todo lo que se preste a ello.

Resultado de imagen de big fish spectre

La historia de amor con Sandra Templeton

Aquí sí que no hay ni punto de comparación entre novela y película.

En la novela, Sandra se presenta como la mujer discreta, deslumbrante y por todos pretendida, una especie de pastora Marcela cervantina:

Su primer gran amor

Mi padre tuvo la gran alegría y la desgracia de enamorarse de la mujer más guapa del pueblo de Auburn, y posiblemente de todo el estado de Alabama, la señorita Sandra Kay Templeton. ¿Por qué fue una desgracia? Porque no era el único hombre de Auburn, ni posiblemente el único hombre del resto del estado de Alabama, que estaba enamorado de ella. Cogió el número que le correspondía y se puso a la cola. Por su amor habían tenido lugar duelos, carreras de coches, juergas alcohólicas y peleas a puñetazos, y cuando menos un perro, sino más de uno, llevaba su nombre. Sandra no pretendía ser tan hermosa. No aspiraba a que la amaran tantos hombres… Se habría contentado con el amor de uno. Pero no podía evitar ser guapa, o ese tipo de mujer guapa que despierta tanta admiración, y en cuanto desanimaba a un pretendiente aparecía otro para ocupar su puesto, cargado de flores, canciones y dispuesto a pelearse. Por eso Sandra vivía su vida sin meterse en la de los demás, y tras ella se formó una larga cola, un auténtico club, una especie de hermandad de deseos insatisfechos y corazones destrozados. Edward no compuso canciones. Durante mucho tiempo no hizo nada. La miraba, eso sí. No le importaba mirarla cuando pasaba de largo; y en ese mirar había una emoción especial. Era como si Sandra llevara consigo una luz propia, porque, allá donde fuera, deslumbraba. ¿Quién podría haberlo explicado? A Edward le gustaba dejarse deslumbrar de vez en cuando.

Y por lo visto Edward trató de conquistarla de una forma mucho más convencional:

-Sandra –dijo, escogiendo un momento inoportuno; ella estaba a punto de entrar en los aseos-. No me conoces. Probablemente nunca te habrás fijado en mí. Pero estaba pensando… No sé si querrás tomarlo en cuenta; quiero decir… en fin, que este viernes por la noche quizá podríamos salir juntos a algún lado. Si quieres.

Aquí sí creo que el guionista se las apañó para trazar una memorable epopeya sobre cómo Edward conoció y conquistó a Sandra: un amor a primera vista, tres años trabajando para un payaso chalado a cambio de saber cosas sobre ella, una declaración de amor y acto seguido una boda. Lo que sí es fiel a la novela es que Sandra ya estaba comprometida con Don Price, el chaval más cretino y zoquete, y Edward se pelea con él (aunque en la película simplemente se deja pegar para no hacerle daño).

Resultado de imagen de big fish edward sandra flowers

Jenny Hill, “la niña de Spectro”

Éste es tal vez uno de los puntos que más me ha chirriado de la novela, en comparación con la película.

-¿Cómo se llama, jovencita? –pregunta mi padre, incrédulo.

– Jenny –dice ella, hablando con una voz más dulce que hasta entonces-. Me llamo Jenny Hill.

La historia se desarrolla así: primero Edward se enamora de Specter y luego se enamora de Jenny Hill.

(…) ¿Qué lleva a decidir súbitamente a una mujer como Jenny Hill que mi padre es su hombre? ¿Qué le habrá hecho? ¿Será su legendario encanto? ¿O será que Jenny Hill y Edward Bloom están de algún modo hechos el uno para el otro? ¿Había esperado mi padre cuarenta años y Jenny Hill veinte para al fin encontrar el amor de su vida?

Resultado de imagen de big fish jenny hillEs decir, en la novela se insinúa que hubo un romance entre Edward y Jenny. Es más, a partir de ese momento apenas se vuelve a mencionar a Sandra, que quedaría, así pues, como “el primer amor” (y el primer matrimonio), y a partir de ahí el novelista deja un cabo totalmente suelto. El narrador -que, al igual que en la película, es William, el hijo de Edward- explica que Edward pasaba mucho tiempo fuera de casa, en Spectro.

Y de hecho en la película también lo hace. Se pasa semanas enteras arreglando la cochambrosa casa de Jenny. Pero John August, como veremos en el siguiente punto, quiso hacer de Edward Bloom un hombre tan romántico que sólo se podía permitir tener un único “amor de su vida“, dejando a Jenny totalmente frustrada en su intento por seducirle. “Para tu padre, sólo había dos tipos de mujer: tu madre y todas las demás”, le explica Jenny a William en la película.

Captura de pantalla 2018-10-06 a las 19.44.03

Multitud de guiños a los lectores de la novela

En la película hay varios que sólo quienes hayan leído la novela comprenderán del todo. Por ejemplo, la misteriosa mujer desnuda del río, que aparece un par de veces. En la película se dejó a la libre interpretación, como para quien quiera buscarle un simbolismo; en la novela, Edward llega incluso a dialogar con ella, que le agradece que le haya salvado la vida al matar a la serpiente que estaba a punto de morderla (aunque, como en la película, la serpiente termina siendo una simple rama de árbol, dejando la posibilidad de que haya sido una ensoñación). La mujer también le dice que, en adelante, ésa será “la arboleda de Edward“:

Y cuando quiera que no te encuentres bien o necesites que ocurra algo, vendrás aquí a descansar y a pensar sobre lo que te esté preocupando.

Captura de pantalla 2018-10-07 a las 17.51.20

También hay muchos guiños sutiles, como la piscina de la casa en la que Edward está muriendo, de la cual se habla bastante en la novela diciendo que Edward se pasaba horas y horas nadando de un lado al otro.

El final, una licencia creativa justa

Si hay una secuencia larga que ocurre en la película prácticamente igual que en la novela, ésa es la de la muerte de Edward relatada por su hijo. Se quiso seguir al pie de la letra: William y Edward escapan del hospital, se meten en el coche, Edward se echa agua por encima, van hacia el río…

Captura de pantalla 2018-10-07 a las 17.44.57

Eso sí, en la novela llegan al río y el último desenlace lo protagonizan, solamente, padre e hijo junto al río:

Me quedé parado a la orilla de aquel río, sujetando su cuerpo envuelto en la manta como en un sudario, hasta que me dijo: Puede que ahora prefieras mirar hacia otro lado, y luego: Por favor, y de pronto sentí entre los brazos una vida formidable, frenética, imposible de retener por más que quisiera, y claro que quería. Pero al cabo de un instante me quedé con una simple manta en las manos, porque mi padre había saltado al río. Y fue entonces cuando descubrí que, después de todo, mi padre no había estado muriéndose. Sencillamente, había estado cambiando, transformándose en algo nuevo y distinto para continuar con su vida de esa forma. A lo largo de todo aquel tiempo, mi padre se había ido convirtiendo en un pez.

Sin embargo, en la película se nos brinda esa memorable secuencia final, en la que, a la orilla del río, todas las personas que han formado parte de la vida de Edward Bloom le esperan para despedirle. Me parece una gran decisión por parte del guionista, puesto que creo que es absolutamente consecuente con el personaje de Edward y su modo de vivir la vida.

Captura de pantalla 2018-10-07 a las 17.57.47

En cierto modo, podemos sentenciar que el Edward Bloom de la película es, en esencia, el mismo que en la novela. Pero con dicha esencia elevada al cubo.

La esencia de Edward Bloom, elevada al cubo

Lo que hizo John August fue tomar prestada la esencia de Edward Bloom que había dibujado Daniel Wallace (esto es, el idealista romántico, virtuoso y honrado; un caballero andante, “el hombre perfecto”) y explotarlo muchísimo más en esa línea. Exagerarlo, hacerlo más “romántico” y quijotesco que en la propia novela, con menos ambigüedades como esta última que hemos comentado (sentir amor por dos mujeres). Un personaje mucho más blanco y puro.

Pero… ¿Cómo es el Edward Bloom que creó Daniel Wallace? Este fragmento puede ayudarnos a hacernos una idea de ello. Es una de las escenas de su hijo William sentado junto a su padre moribundo, con el siempre presente doctor Bennet acompañando a su viejo amigo:

El doctor Bennett menea la cabeza, se quita las gafas y las frota con la punta de su corbata a rayas rojas y azules. Me quedo pasmado mirándolo. Es tan viejo, tan terriblemente viejo: ¿por qué va a morir mi padre antes que él?

– Edward Bloom –dice sin dirigirse a nadie-. ¿Quién lo habría pensado?

Sí, ¿quién lo habría pensado? La muerte es lo peor que podía pasarle a mi padre. Ya sé cómo suena esto; la muerte es lo peor que puede pasarnos a la mayoría de nosotros, pero su caso ha sido particularmente doloroso, sobre todo durante estos últimos años preparatorios en que la enfermedad se ha ido agravando hasta convertirlo en un inválido en esta vida, por mucho que a la vez pareciera prepararlo para la otra. Aún peor, la enfermedad le ha obligado a quedarse en casa. Y eso es algo que no soporta. No soporta despertarse todos los días en la misma habitación, ver las mismas caras, hacer siempre las mismas cosas. Antes de todo esto, solía utilizar nuestra casa como una estación de servicio donde repostar. Un padre itinerante, para quien el hogar era una parada en el camino, siempre afanándose en llegar a un objetivo impreciso. ¿Qué lo impulsaba hacia delante? No era el dinero; lo teníamos. Teníamos una buena casa, unos cuantos coches y una piscina en el jardín trasero; se diría que nada quedaba absolutamente fuera de nuestro alcance. Tampoco era el deseo de ascender… Dirigía su propio negocio. Era algo distinto, pero no sabría decir qué. Parecía vivir en un estado de permanente aspiración; llegar allí, donde quiera que fuera, en realidad daba igual; lo importante era la batalla, y la que vendría a continuación, y la guerra no terminaba nunca. Así pues, trabajaba y trabajaba.

Me encanta que lo describa como un hombre que vive en un “estado de permanente aspiración“: creo que ésta es la esencia de la que hablaba antes.

En la novela, Edward Bloom no se caracteriza tanto por contar historias como por contar chistes. En la película también los cuenta, de hecho algunos se toman de la novela (como el de “tu padre va a morir” y resulta ser el lechero). Aquí uno de los que aparecen sólo en la novela, en un momento en que Edward estaba malherido, sangrando, pero no se quiere dejar ayudar:

De manera que, todavía sangrando y con una doble fractura en una pierna, Edward buscó una escoba y barrió el colmado de arriba abajo. Luego buscó un trapo y un cubo, porque con las prisas de hacer bien las cosas se había olvidado por completo de sus heridas abiertas, que sangraban profusamente, y hasta que terminó de barrer no se dio cuenta de que había ido dejando un reguero de sangre por toda la tienda. Entonces lo limpió. Restregó el suelo. Se puso de rodillas, trapo en mano, y frotó y frotó mientras el viejo, su mujer y su hija lo miraban. Lo miraban impresionados. Llenos de admiración. Estaban viendo cómo un hombre trataba de limpiar las manchas que su propia sangre había dejado en el suelo de tablas de pino. Era imposible, imposible… Pero él lo intentó. Eso es lo que cuenta, William; lo intentó hasta que no pudo más y cayó de bruces, sin soltar el trapo… muerto… O eso creyeron. Creyeron que había muerto. Corrieron hacia él: todavía palpitaba de vida. Y entonces se produjo una escena que, tal como la describía tu padre, siempre me hacía pensar en La Piedad de Miguel Ángel: la madre, una mujer robusta, lo levantó y lo sujetó entre sus brazos, en su regazo, al joven moribundo, y rezó para que no muriera. Parecía un caso desesperado. Pero mientras los demás se apiñaban a su alrededor llenos de inquietud, él abrió los ojos y pronunció las que podrían haber sido sus últimas palabras; Edward, que había reparado de inmediato en la falta de clientes, le dijo al viejo dueño del colmado, le dijo con el que podría haber sido su último aliento: “Hágase publicidad”.

Y hay otro chiste de su tradicional repertorio, que es el siguiente:

El día en que Jesucristo sustituyó a San Pedro para vigilar las puertas. Pues bien, Jesucristo estaba echándole una mano a San Pedro cierto día, cuando un hombre se acerca a las puertas del Cielo arrastrando los pies… “¿Qué has hecho para merecer la entrada en el reino de Dios?”, le pregunta Jesús… Y el hombre dice: “No he hecho gran cosa, a decir verdad. No soy más que un pobre carpintero que ha llevado una vida apacible. Mi hijo ha sido lo único sobresaliente de mi vida”. …”¿Tu hijo?”, le pregunta Jesucristo con interés…”Sí, un hijo maravilloso”, dice el hombre. “Tuvo un nacimiento muy especial y después sufrió una gran transformación. Además alcanzó fama en el mundo entero y, todavía hoy, muchas personas lo aman”… Cristo mira al hombre y lo estrecha entre sus brazos exclamando: “¡Padre, padre!”… Y el viejo le devuelve el abrazo y pregunta: “¿Pinocho?”.

Con este chiste recurrente, en algún momento en que William está preocupado al pensar que su padre está a punto de morir, y le interpela con un “¡¡¿Papá?!!”, el gracioso de Edward le responde con un: “…¿Pinocho?”.

Tirando de este último ejemplo nos adentramos en el punto más importante a tener en cuenta de la novela.

Captura de pantalla 2018-10-06 a las 20.04.28

“Un pez gordo”, una novela escrita como hijo

La película tiene como tesis principal la reconciliación de un hombre con su padre durante los últimos días de vida de éste. Al final no es que William averigüe más cosas sobre su padre (que es lo que, según él, era el gran problema de la relación). En absoluto. Sencillamente, aprende a quererle como es y a comprender que puede haber más verdad en la ficción que en los hechos verídicos.

Lo deduzco por la sensibilidad con que describe la imagen de su padre conectado a las máquinas que le mantienen vivo. Me aventuro a imaginar que estas escenas tienen mucho de autobiográfico del propio Daniel Wallace. Este párrafo me parece impresionante:

Fui a la habitación de mi padre y me senté junto a su cama. Me senté y me puse a esperar… el qué, no lo sé… y a contemplar los maravillosos aparatos. Aquello no era la vida. Era una forma de mantener la vida. Era lo que el mundo médico había inventado para sustituir al Purgatorio. Podía contar el número de sus respiraciones mirando un monitor. Podía ver en qué andaba ocupado su frenético corazón. Y había un par de líneas ondulantes y algunos números que me despistaban bastante, pero también los tenía vigilados. De hecho, al cabo de un rato, había dejado de mirar a mi padre para concentrarme en los aparatos. Se habían convertido en él. Me estaban contando su historia.

Captura de pantalla 2018-10-06 a las 20.18.17

En la novela, hay largas conversaciones entre Edward, en el lecho de muerte, y William.  Hablan de la vida, de la muerte, del más allá, de Dios, y también, de forma recurrente, de lo que significa ser un gran hombre:

– (…) Y es que ya ni sé en qué consiste ser un gran hombre… cuáles son los… requisitos. ¿Y tú, William?

– Y yo, ¿qué?

– ¿Lo sabes? ¿Sabes en qué consiste ser un gran hombre?

Reflexiono largo rato sobre su pregunta, con la secreta esperanza de que se olvide de que la ha formulado. La mente le suele divagar, pero algo en su mirada me dice que ahora no se está olvidando de nada, está aferrándose a esa idea, y espera mi respuesta. No sé en qué consiste ser un gran hombre. Nunca me he parado a pensarlo. Pero en un momento así no se puede salir del paso con un simple “no lo sé”. Un momento así exige ponerse a la altura de las circunstancias, de manera que me aligero cuanto puedo y aguardo a que la inspiración me eleve.

– Creo –digo al cabo, esperando que acudan a mi boca las palabras adecuadas-, que cuando se puede decir de un hombre que su hijo lo ama, entonces se le puede considerar un gran hombre.

Porque es el único poder que poseo, investir a mi padre con un manto de grandeza, algo que él buscaba en el ancho mundo, cuando, en realidad, por un giro imprevisto de los acontecimientos, ha resultado estar en casa desde el principio.

Este tema es clave en toda la conversación entre padre e hijo: el padre espera de su hijo el reconocimiento para irse en paz de este mundo. Para sentir que ha cumplido su misión como padre.

– Eres un buen padre.

– Gracias – me dice, con un leve aleteo de las pestañas, y parece que he dicho lo que quería oír. Eso es lo que significa la expresión “últimas palabras”: son las llaves que abren la puerta de la otra vida. No deberían llamarse últimas palabras, sino santo y seña, porque te permiten marcharte en cuanto se pronuncian.

Ya para concluir, si algo tienen en común película y novela es que son un llamamiento a cuidar la relación con los padres, a tratar de comprenderles en la medida en que no dejemos de quererles tal y como son.

Esta entrada fue publicada en Crítica de cine, Literatura y etiquetada , , , , , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s