“El sueño de una noche de verano”, de Shakespeare

Resultado de imagen de sueño de una noche de veranoEl invierno pasado en Madrid se me hizo francamente pesado. Largo y pesado. Muy frío. Supongo que más de uno sonreirá con sorna al leer estas líneas. Normal: sé que hay millones de lugares en el mundo donde el invierno es mil veces más duro que en Madrid. Me da igual. El mío fue en Madrid y fue un auténtico y prolongado coñazo.

En cambio, cuando llegó el terrible estío mesetario, yo lo viví como una bendición. ¡Qué importaba estar a 38ºC a la sombra! La sensación era, en cualquiera de los casos, muchísimo mejor que la del invierno. Por no hablar de las noches de verano

Si los días de verano para algunos pueden ser algo fatigosos, creo que todos coincidiremos en que las noches de verano son lo mejor del mundo. Un inmerecido premio que se nos otorga todos los años durante un puñado de semanas. Salir de la oficina y que todavía sea de día, poder ir en camiseta de manga corta sin pasar frío ni calor y aprovechar para ir andando a casa, disfrutando de la puesta de sol…

En uno de estos paseos, empezó a resonar en mi cabeza lo que por entonces era solo un título que me sonaba de algo: “El sueño de una noche de verano“. Y dándole vueltas, me di cuenta de que, aunque no tenía ni idea del contenido de la obra, pensé que no se me ocurría un título más romántico y sugerente para cualquier historia. Es más, me hubiera encantado ser el primero en utilizar este título para algo (damn you, William). Y unos días más tarde, leyendo a Bécquer, me encontré con que él sintió algo similar con el título “Los ojos verdes”:

Hace mucho tiempo que tenía ganas de escribir cualquier cosa con este título. Hoy, que se me ha presentado ocasión, lo he puesto con letras grandes en la primera cuartilla de papel, y luego he dejado a capricho volar la pluma.

Así que, sin osar todavía escribir nada con esta frase por título, decidí hacerme con un ejemplar de la obra (cortesía de Bibliotecas de Madrid; no me dejarán tomar prestado nada más hasta diciembre, por tardón). Y aquí os ofrezco, siguiendo la tradición, algunos de los fragmentos que más me gustaron. Si no conocéis la obra, podéis echar un vistazo a este resumen para no perderos.

Resultado de imagen de sueño de una noche de verano

El primer párrafo que quería compartir es un diálogo de Hermia, la enamorada de Lisandro, sobre las vicisitudes intrínsecas al amor.

HERMIA.— Pues si los verdaderos amantes siempre fueron contrariados, ha de ser por decreto del destino. Armémonos, pues, de paciencia en nuestra prueba, ya que ésta no es sino una cruz habitual, tan propia del amor como los pensamientos, las ilusiones, los suspiros, los deseos y las lágrimas, triste séquito de la fantasía.

A lo largo de la obra se habla a menudo del sueño. El papel que tiene en esta obra me recordó bastante a La vida es sueño, de Calderón. Además de jugar con la fantasía de los sueños en relación con la realidad, en algunos momentos puntuales también se pone en relieve la propiedad reponedora del dormir, como atenuante temporal del dolor.

DEMETRIO.—Es inútil seguirla en este arranque de cólera. Así, me quedaré aquí por breve rato y buscaré en el sueño alivio a mi dolor, porque la deuda del arruinado sueño aún se le debe al dolor; éste se hace doblemente pesado con el insomnio.

(…)

HELENA- Y tú, ¡sueño!, que algunas veces cierras los ojos doloridos, apártame mientras tanto de mi propia compañía.

Resultado de imagen de sueño de una noche de verano duende

La acción recurrente de la obra es cómo una especie de sueño hace las veces de hechizo de Cupido, haciendo que los personajes se enamoren perdidamente de la primera persona que ven al despertarse, lo que da lugar, lógicamente, a un montón de equívocos, a veces expresados con esta exquisitez tan british.

DEMETRIO- Lisandro, quédate con mi Hermia, yo no lo haré; si alguna vez la amé, todo el amor se ha terminado. Mi corazón no moró en ella más que como un astuto invitado y ahora ha vuelto a Helena, como a su casa, para quedarse allí.

Este equívoco hace que Hermia desespere, y de sus labios salen algunas frases que me encantan, como estas dos:

HERMIA- Oscura noche, que a los ojos priva de su función y al oído hace más rápido. De forma que, al entorpecer el sentido de la vista, rinde al oído doble recompensa.

(…)

HERMIA- Nunca estuve tan cansada, nunca en tal pena; empapada por el rocío y arañada por las espinas; no puedo arrastrarme más, no puedo seguir; mis piernas no pueden seguir el ritmo de mis deseos.

Hay un momento en que Teseo urde un discurso que se ha hecho bastante emblemático de la obra. En él, compara a lunáticos, amantes y poetas. A mí en concreto me interesa mucho el poder de la imaginación dentro de la mente, que es el núcleo de esta reflexión de Teseo.

TESEO- Yo nunca he creído en historias de hadas ni en cuentos quiméricos. Amantes y locos tienen mente tan febril y fantasía tan creadora que conciben mucho más de lo que entiende la razón. El lunático, el amante y el poeta están hechos por entero de imaginación. El loco ve más diablos de los que llenan el infierno. El amante, igual de alienado, ve la belleza de Helena en la cara de una zíngara. El ojo del poeta, en divino frenesí, mira del cielo a la tierra, de la tierra al cielo y, mientras su imaginación va dando cuerpo a objetos desconocidos, su pluma los convierte en formas y da a la nada impalpable un nombre y un espacio de existencia. La viva imaginación actúa de tal suerte que, si llega a concebir alguna dicha, cree en un inspirador para esa dicha; o, de noche, si imagina algo espantoso, es fácil que tome arbusto por oso.

Resultado de imagen de teseo shakespeare

Dejando a un lado los versos más dramáticos, vamos con los momentos cómicos. Al fin y al cabo, la obra es una comedia. Y yo poco podía pensar que unos versos de finales del siglo XVI (aunque seguramente se han adaptado al traducir al español y tal vez adecuado a los nuevos tiempos) me podrían llegar a hacer sonreír. ¡Qué poder, el del arte dramático, que atraviesa así los siglos!

En un momento dado, tiene lugar en escena una especie de representación teatral tosca e insólita, pensada para impresionar a Teseo, Lisandro e Hipólita. Las reacciones de estos tres son de este estilo irónico:

TESEO.—Este muchacho no se para en los puntos.

LISANDRO.—Ha pronunciado su prólogo como un potro salvaje. No sabe pararse. Gran enseñanza, señor: no basta hablar, sino hablar bien.

HIPÓLITA.—Es verdad que ha repetido su prólogo como un niño con una flauta: con sonido, pero sin gobierno.

Un poquito más tarde, en la misma función, otro momento similar:

TESEO- Me maravilla que el león hable.

TISBE- <<Ésta es la antigua tumba de Nino. ¿Dónde está mi amor?>>

LEÓN- (ruge) <<¡Oh!>> (Tisbe se quita la mantilla y echa a correr)

DEMETRIO- Bien rugido, león.

TESEO- Bien corrido, Tisbe.

HIPÓLITA- Bien brillado, Luna. En verdad, la luna brilla con buena gracia. (León patea la mantilla de Tisbe)

TESEO- Bien cazado, león.

Ya para terminar, en el epílogo de la obra el duende juega con que todo puede haber sido un sueño de los propios espectadores, como justificándose en caso de que a algunos les pueda haber disgustado la obra. Un buen broche final para una peculiar comedia shakespeariana.

Si a las sombras hemos ofendido,
no penséis sino esto, y todo está arreglado:
que vosotros no habéis sino dormido aquí
mientras estas visiones aparecían.
Y este débil y tonto tema,
producto sólo de un sueño,
gentiles señores, no lo toméis a mal.

Resultado de imagen de sueño de una noche de verano duende

Esta entrada fue publicada en Literatura, Poesía, Shakespeare y etiquetada , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s