Poemas de Pedro Salinas

Resultado de imagen de pedro salinas edicion julio cortazarSiguiendo otra recomendación de mi amigo Fran, me zambullí en una selección de poemas de Pedro Salinas (realizada por Julio Cortázar, nada menos).

Coincido con Fran en que a veces resulta un tanto “empalagoso“. A mí en concreto me han gustado mucho algunos fragmentos, sobre todo de sus poemas de amor (que era su especialidad, por lo visto), mientras que hay otros, más dirigidos a la tierra o a explorar sensaciones, que me han dejado algo más frío. En cuanto a la forma, yo soy bastante clásico en el sentido de que me gustan las rimas típicas de finales de verso que riman entre ellos, y Salinas tiene, por lo general, tendencia a saltárselo con frecuencia.

Como siempre, voy a seleccionar algunos poemas (no todos enteros) y fragmentos que me gustaría conservar en el blog. Para cuando se preste a sacarlos a relucir.

Este primero me gustó por la comparación que hace entre una amiga y un cristal a través del cual mirar el mundo:

Amiga

Para cristal te quiero,
nítida y clara eres.
Para mirar al mundo,
a través de ti, puro,
de hollín o de belleza,
como lo invente el día.
Tu presencia aquí, sí,
delante de mí, siempre,
pero invisible siempre,
sin verte y verdadera.
Cristal. ¡Espejo, nunca!

Me llamó la atención el título del siguiente poema: “Ver lo que veo“. ¿Cuántas veces hemos tenido experiencia de estar “viendo” muchas cosas pero sin verlas de verdad, de tan ensimismados que estamos con otros pensamientos o preocupaciones? Este poema nos anima a centrarnos en lo que tenemos delante en cada instante: “Ser es estar siendo”.

Ver lo que veo

Quisiera más que nada, más que sueño,
ver lo que veo.
No buscar hondos signos por celestes
mundos supremos.
(…)
El futuro, distancia. No te pierda
lo venidero.
A ti te acerca tu presente. Ser
es estar siendo.
Prisa, apetito de lejanías,
torpe atropello
de las largas dulzuras del minuto:
da tiempo al tiempo.
A la orilla del río de su calma,
quieto, contemplo.
Por la visión de lo que está delante,
dejo el proyecto.
¿A qué darle palabras al poema,
si lo estoy viendo?

Seguro que más de una vez has vivido algo que ha resultado ser tan extraordinario e intenso que, cuanto más tratas de recordarlo, más te parece que ha sido un sueño. En este caso, Salinas quiere utilizar este “espejismo” como mecanismo de defensa por si un día la mujer se desdice de eso tan hermoso que le dijo:

Ha sido, ocurrió, es verdad.
Fue en un día, fue una fecha
que le marca el tiempo al tiempo.
(…)
Y aquello que ella me dijo
fue en un idioma del mundo,
con gramática e historia.
Tan de verdad,
que parecía mentira.
No.
Tengo que vivirlo dentro,
me lo tengo que soñar.
(…)
Y así, cuando se desdiga
de lo que entonces me dijo,
no me morderá el dolor
de haber perdido una dicha
que yo tuve entre mis brazos,
igual que se tiene un cuerpo.
Creeré que fue soñado.
Que aquello tan de verdad,
no tuvo cuerpo, ni nombre.
Que pierdo
una sombra, un sueño más.

Resultado de imagen de cuentos de la alhambra amor

Recuerdo que hace varios años leí un cuento de un libro llamado Cuentos de la Alhambra. En él, se hablaba de un príncipe al que encerraron en una torre. Sus captores se propusieron no enseñarle jamás la palabra “amor”, ni explicarle qué significa, para liberarle, de este modo, de todos los dolores que pueden derivar de dicha experiencia. En este poema, Salinas se lamenta de que lo que está experimentando tenga ya un nombre: “Si tú no tuvieras nombre / todo sería primero”:

¿Por qué tienes nombre tú,
día, miércoles?
¿Por qué tienes nombre tú,
tiempo, otoño?
Alegría, pena, siempre
¿por qué tenéis nombre: amor?

Si tú no tuvieras nombre,
yo no sabría qué era
ni cómo, ni cuándo. Nada.

¿Sabe el mar cómo se llama,
que es el mar? ¿Saben los vientos
sus apellidos, del Sur
y del Norte, por encima
del puro soplo que son?

Si tú no tuvieras nombre,
todo sería primero,
inicial, todo inventado
por mí,
intacto hasta el beso mío.
Gozo, amor: delicia lenta
de gozar, de amar, sin nombre.

Nombre: ¡qué puñal clavado
en medio de un pecho cándido
que sería nuestro siempre
si no fuese por su nombre!

Nada hay más bonito que ser el objeto de un “tú” amoroso:

Para vivir no quiero
islas, palacios, torres.
¡Qué alegría más alta:
vivir en los pronombres!

La vertiginosa desproporción que se sufre cuando se da amor:

¿Regalo, don, entrega?
Símbolo puro, signo
de que me quiero dar.
Qué dolor, separarme
de aquello que te entrego
y que te pertenece
sin más destino ya
que ser tuyo, de ti,
mientras que yo me quedo
en la otra orilla, solo,
todavía tan mío.
Cómo quisiera ser
eso que yo te doy
y no quien te lo da.
Cuando te digo:
“Soy tuyo, sólo tuyo”,
tengo miedo a una nube,
a una ciudad, a un número
que me pueden robar
un minuto al amor
entero a ti debido.

Sin duda, uno de los más célebres de Salinas:

Lo que eres
me distrae de lo que dices.

Lanzas palabras veloces,
empavesadas de risas,
invitándome
a ir adonde ellas me lleven.
No te atiendo, no las sigo:
estoy mirando
los labios donde nacieron.

Miras de pronto a los lejos.
Clavas la mirada allí,
no sé en qué, y se te dispara
a buscarlo ya tu alma
afilada, de saeta.
Yo no miro adonde miras:
yo te estoy viendo mirar.

Y cuando deseas algo
no pienso en lo que tú quieres,
ni lo envidio: es lo de menos.
Lo quieres hoy, lo deseas;
mañana lo olvidarás
por una querencia nueva.
No. Te espero más allá
de los fines y los términos.

En lo que no ha de pasar
me quedo, en el puro acto
de tu deseo, queriéndote.
Y no quiero ya otra cosa
más que verte a ti querer.

Este otro también me ha parecido precioso, por la idea de “dejarse querer” como un modo de querer que no es tan pasivo como parece, pero donde sí existe el peligro de ser una relación desigual en la que solo uno de los dos quiere al otro activamente:

La forma de querer tú
es dejarme que te quiera.
El sí con que te me rindes
es el silencio. Tus besos
son ofrecerme los labios
para que los bese yo.
Jamás palabras, abrazos,
me dirán que tú existías,
que me quisiste: jamás.
Me lo dicen hojas blancas,
mapas, augurios, teléfonos;
tú, no.
Y estoy abrazado a ti
sin preguntarte, de miedo
a que no sea verdad
que tú vives y me quieres.
Y estoy abrazado a ti
sin mirar y sin tocarte.
No vaya a ser que descubra
con preguntas, con caricias,
esa soledad inmensa
de quererte sólo yo.

Otros dos versos iniciales sublimes. ¡Cuántas veces habré sentido algo así…!

¡Qué paseo de noche
con tu ausencia a mi lado!
Me acompaña el sentir
que no vienes conmigo.
Los espejos, el agua
se creen que voy solo;
se lo creen los ojos.

Resultado de imagen de paseo noche solitaria

Otro tema algo recurrente de Salinas (y con el que también me siento muy identificado) es el tema de la imaginación, que trata de completar la ausencia real.

Tú no puedes quererme:
estás alta, ¡qué arriba!
Y para consolarme
me envías sombras, copias,
retratos, simulacros,
todos tan parecidos
como si fueses tú.
Entre figuraciones
vivo, de ti, sin ti.
(…)
Por fingir que me quieres,
me abrazan y me besan.
Sus voces tiernas dicen
que tú abrazas, que tú
besas así. Yo vivo
de sombras, entre sombras
de carne tibia, bella,
con tus ojos, tu cuerpo,
tus besos, sí, con todo
lo tuyo menos tú.
Con criaturas falsas,
divinas, interpuestas
para que ese gran beso
que no podemos darnos
me lo den, se lo dé.

Este otro poema habla del dolor. Me ha recordado mucho a la famosa canción Hurt, versionada por Johnny Cash, en la que dice que el dolor es lo único real. Como bien sabemos, el dolor va irremediablemente ligado al amor. Lo expresa de una forma sublime:

No quiero que te vayas
dolor, última forma
de amar. Me estoy sintiendo
vivir cuando me dueles
no en ti, ni aquí, más lejos:
en la tierra, en el año
de donde vienes tú,
en el amor con ella
y todo lo que fue.
En esa realidad
hundida que se niega
a sí misma y se empeña
en que nunca ha existido,
que sólo fue un pretexto
mío para vivir.
Si tú no me quedaras,
dolor, irrefutable,
yo me lo creería;
pero me quedas tú.
Tu verdad me asegura
que nada fue mentira.
Y mientras yo te sienta,
tú me serás, dolor,
la prueba de otra vida
en que no me dolías.
La gran prueba, a lo lejos,
de que existió, que existe,
de que me quiso, sí,
de que aún la estoy queriendo.

En este poema queda patente la inutilidad de los esfuerzos de la cabeza por “olvidar” a una mujer que sigue tatuada en el corazón. Creo que son versos bastante reconocible para cualquiera:

No te busco
porque sé que es imposible
encontrarte así, buscándote.

Dejarte. Te dejaré
como olvidada
y pensando en otras cosas
para no pensar en ti,
pero pensándote a ti
en ellas, disimulada.
Frases simples por los labios:
“Mañana tengo que hacer…”
“Eso sí, mejor sería…”.
Distracción. ¡Que fácil todo,
qué sencillo todo ya, tú
olvidada!

El amor como experiencia cercana a la eternidad, como deseo de infinito que en algunos momentos duele de lo inconmensurable que se torna:

¿Serás, amor
un largo adiós que no se acaba?
Vivir, desde el principio, es separarse.
En el primer encuentro
con la luz, con los labios,
el corazón percibe la congoja
de tener que estar ciego y solo un día.
Amor es el retraso milagroso
de su término mismo;
es prolongar el hecho mágico
de que uno y uno sean dos, en contra
de la primer condena de la vida.

Resultado de imagen de sufrir de amor

La ausencia, uno de sus temas recurrentes, el “estar en otro lugar” estando físicamente en el mismo:

La distraída

No estás ya aquí. Lo que veo
de ti, cuerpo, es sombra, engaño.
El alma tuya se fue
donde tú te irás mañana.
Aún esta tarde me ofrece
falsos rehenes, sonrisas
vagas, ademanes lentos,
un amor ya distraído.
Pero tu intención de ir
te llevó donde querías
lejos de aquí, donde estás
diciéndome:
«aquí estoy contigo, mira».
Y me señalas la ausencia.

Otra exaltación de la mujer amada, como analogía de la propia Bondad:

Por tanta luz tú no puedes
conducir a nada malo.
Con mi vista, que te mira,
poco te doy, mucho gano.
Sale de mis ojos, pobre,
se me marcha por tus campos,
coge azules, brillos, olas,
alegrías,
las dádivas de tu espacio.
Cuando vuelve, vuelve toda
encendida de regalos.
Reina se siente; las dichas
con que tú la has coronado.
¡De lo claro que lo enseñas
qué sencillo es el milagro!
Si bien se guarda en los ojos,
nunca pasa, lo pasado.

Estoy curtido en el tema de los sueños desde que leí La vida es sueño y El sueño de una noche de verano. 

Nunca se entiende un sueño
más que cuando se quiere a un ser humano
despacio, muy despacio
y sin mucha esperanza.

Por ti he sabido yo cómo era el rostro
de un sueño: sólo ojos.
(….)
Los sueños siempre empiezan a morirse
por los pies que no quieren ya llevarlos.
Como el cielo de un sueño está en sus ojos
lo último que se apaga es su mirada.

Y por ti he visto lo que nunca viera:
el cadáver de un sueño.
Lo veo, día a día, al levantarme, aquí, en mi cara.
(Has vuelto tu mirar hacia otro rostro)
Me lo siento en las manos,
enormes fosas llenas de tu falta.

Sobre el amargo recuerdo que deja el amor:

Cómo te voy a querer,
amor,
ardiente cuerpo entregado,
cuando te vuelvas recuerdo,
sombra esquiva entre los brazos.

Éste me ha encantado: es otra experiencia con la que me siento muy identificado. La de pensar tanto en la mujer amada que solo dejas de hacerlo cuando, en efecto, estás con ella físicamente. Y es que una presencia es mil veces más potente que cualquier recuerdo:

Tu recuerdo eres tú misma.
Ahora ya puedo olvidarte
porque estás aquí, a mi lado.

El siguiente poema anima a tener cierta esperanza, en el sentido de paciencia en la espera. El amor siempre se acaba cumpliendo, aunque sus tiempos puedan llegar a ser desesperantes:

La nube que trae un viento,
las palabras que traen pena,
otras palabras las limpian,
otro viento se las lleva.

Si unos ojos se te niegan
cuando les das tu mirada,
tú no dejes de mirarlos,
espera.

También se marcha la luz,
y aguardan las infinitas,
miradas de las estrellas,
toda la noche, a que vuelva.
(…)
Si es que tu besar se encuentra
sin labios que le besaban,
no es que tu boca se esté
ya para siempre soltera.
(…)
Esos labios que no quieren
volverán a su querencia:
la boca en que se posaron
sus besos por vez primera.

No desesperes, amor,
tú tendrás lo que deseas:
si eres amor, de verdad
lo imposible siempre llega.
(…)
Aprende paciencia, amor:
el mundo es hechura alegre
de una celeste paciencia:
Ni los estrelleros saben
cuánto siglo sobre un siglo
ha tardado esta belleza.

Y ahora, tan hermoso todo,
donde se posan los ojos
te espera una recompensa.
Mira:
aquí tienes a la rosa,
ayer cerrada, hoy abierta.

Una vez más, sobre la búsqueda de un infinito a través del amor: algo que sea, realmente, para siempre.

Más allá de ola y espuma
el querer busca su fondo.
Esta hondura donde el mar
hizo la paz con su agua
y están queriéndose ya
sin signo, sin movimiento.
Amor
tan sepultado en su ser,
tan entregado, tan quieto,
que nuestro querer en vida
se sintiese
seguro de no acabar
cuando terminan los besos,
las miradas, las señales.
Tan cierto de no morir,
como está
el gran amor de los muertos.

Salinas vuelve aquí con el tema de la imaginación (el sueño, en este caso) y su incapacidad para sustituir una presencia real.

Se sueña
que en la esperanza del silencio oscuro
nada nos falta, y que a la luz primera
los labios y los ojos y la voz
encontrarán sus términos ansiados:
otra voz, otros ojos, otros labios.

Y amanece el error. La luz separa.
Alargando las manos no se alcanza
el cuerpo de la dicha, que en la noche
tendido se sentía junto al nuestro,
sin prisa por trocarlo en paraíso:
sólo se palpan soledades nuevas,
ofertas de la luz.
(…)
Donde el querer, en la tiniebla, piensa
que con decir un nombre
una felicidad contestaría.

Resultado de imagen de amor imaginario

La rutina o los hechos que se repiten pueden parecer, a veces, objeto de hartazgo. Sin embargo, revestido de amor, ninguna repetición es mala. Porque no es, de hecho, una repetición: todo es distinto. “Toda la vida es única”:

La luz del día este
no es aquella de ayer,
ni alumbrará mañana.
En infinitos árboles
del mundo, cada hoja
vence al follaje anònimo,
por un imperceptible
modo de no ser otra.
(…)
¡Qué gozo, que no sean
nunca iguales las cosas
que son las mismas! ¡Toda,
toda la vida es única!
(…)
Por eso los amantes
se prometen los siempres
con almas y con bocas.
Viven de beso en beso
rodando, como el mar
se vive de ola en ola,
sin miedo a repetirse.
Cada abrazo es él, solo,
único, todo beso.
Y el amor al sentirlo
besa, abraza sin término,
buscando
un más detrás de un más,
otro cielo en su cielo.
Suma, se suma, suma,
y así de uno más uno,
a uno más uno, va
seguro a no acabarse:
toca
techo de eternidad.

Este poema está dirigido al dolor. Sabiendo eso, se comprende a la perfección:

(…)
Yo sé cómo le gustan
las bocas y los labios.
No los vírgenes, no,
de beso: los besados
largamente, hondamente.
Los muertos sin besar
no conocen el filo
de la separación.
El separarse es
dos bocas que se apartan
contra todo su sino
de estar besando siempre.
Y por eso las bocas
que ya besaron son
sus favoritas. Tienen
más vida que quitar:
la vida que confiere
a toda boca el don
de haber sido besada.

El poema El mundo algo quiere es bastante largo, aconsejo googlearlo. Yo, para despedir esta reseña, os dejo con la última estrofa:

Que aunque, villano, el azar
visibles rumbos no lleve,
el aire todo es caminos.
¿Lo casual? Hermosas máscaras
que la suerte
pone y quita, quita y pone
sobre la faz de lo adrede.
El mundo algo quiere.

Esta entrada fue publicada en Poesía y etiquetada , , , , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s