“Canto nocturno de un pastor errante de Asia”, de Giacomo Leopardi

Hace unos días tuve la ocasión de escuchar a un gran educador italiano, Franco Nembrini, autor del libro El arte de educar.

Lo que más me gustó fue el enfoque principal de su hipótesis sobre qué es la educación: el problema no son los niños, que nacen ahora con el mismo corazón que hace mil años: el problema educativo lo tenemos los adultos, en nuestro modo de vivir -y, por tanto, introducir- a los niños en la realidad. Seguir leyendo

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Algunas citas de Hamlet

Ni me he enterado y ya hace casi cinco meses que no pongo nada en el blog. ¡Buena señal! Será que he estado ocupado.

Hace unas semanas leí el clásico Hamlet, tras leer Julio César, también de Shakespeare. Hice lo que hago a veces (la Biblioteca me perdone) de marcar algunas páginas en las que hay citas que me llaman la atención con un dobladillo. Las comparto aquí.

En un momento dado, Laertes debe emprender un viaje, y Polonio le despide con un puñado de consejos que bien podríamos releer antes de emprender nuestro próximo viaje:

Te daré mi bendición, y procura grabar estos pocos consejos en tu memoria: no prestes voz a los pensamientos, ni acción a ningún pensamiento desmedido; sé sencillo en el trato, pero nunca vulgar. Todos los amigos que tengas, de lealtad probada, átalos con hilo de acero a tu alma; no hagas que tu mano se vuelva insensible de tanto estrecharla a los jovenzuelos pijos, sin juicio. Rehuye entrar en batallas, y si te ves metido en ellas haz que tu adversario tenga que rehuirte. Presta el oído a todos, pero la voz a pocos; escucha la censura de todo el mundo, pero resérvate tu parecer. Lleva los vestidos que puedas pagar con tu dinero, pero sin un exceso de fantasía; ricos, pero no extremados, porque los vestidos siempre revelan al hombre. (…) No dejes nunca dinero, ni lo malgastes, porque los préstamos se pierden y hacen perder al amigo (…). Y por encima de todo sé fiel a ti mismo, de ahí vendrá que, como de la noche al día, no podrás ser falso para nadie. Que te vaya bien, y que la bendición que te he dado te lo haga madurar.

La siguiente es una reflexión sobre la muerte. Después de hablar de los miles de males de este mundo (la opresión, el ultraje, las burlas, la lentitud de la justicia…), concluye:

¿Quién llevaría todo este peso con quejas y sudores durante toda una vida extenuada  si no fuera por el miedo de algo más allá de la muerte? La muerte, este país no descubierto, que no permite regresar de sus fronteras a ninguno de los viajeros y que confunde la voluntad y hace que soportemos los males presentes antes que ir hacia otros [los de la muerte] que nos son desconocidos. Así, la conciencia nos hace cobardes a todos (…).

La obra está llena de inteligentes monólogos del protagonista, la mayoría de ellos planteando dilemas de conciencia o asfixiante duda (como el famoso “ser o no ser”). Uno de ellos dice que el hombre, si sólo tiene como bien máximo el comer y el dormir, no es más que una bestia, y que si Dios nos ha dado la capacidad de interpretar el pasado y preveer el futuro será por algo. Hacia el final del monólogo, suelta la siguiente perla:

Es cierto que la grandeza verdadera no es lanzarse sin una gran causa, sino encontrar grandeza en un combate banal cuando el honor está en juego.

No tendría mucho sentido entrar a profundizar en una de las grandes obras dramáticas de todos los tiempos, así que con esto será suficiente.

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Yo tocaba el violín en Auschwitz

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En cada plataforma de estas literas, sobre una superficie de roñosa madera, dormían seis o siete personas, la mayoría de ellas de religión judía. Personas condenadas a trabajar, con la muerte a la vuelta de la esquina. Separados de sus familias y de sus vidas. Arrastradas hasta ahí a la fuerza o engañadas.

CAM00701Antes de abandonar Polonia, tuve la ocasión de visitar Auschwitz II. Me han dicho que Auschwitz I es todavía más impresionante, pues puedes ver, entre otras cosas, montañas de pelo. El pelo que les quitaban a las mujeres antes de ponerlas a trabajar.

En cualquier caso, la visita es tan sobrecogedora como recomendable. Todos hemos visto decenas de películas sobre la II Guerra Mundial y el holocausto, documentales, exposiciones, fotografías, pero pisar con las suelas de tus zapatos el mismo suelo que pisaron millones de víctimas, y muchos de sus verdugos, es algo difícil de digerir. Seguir leyendo

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London #5: C. S. Lewis en un mundo cambiante

Uno de los autores que tenía ganas de conocer un poco era C. S. Lewis. Hace años que había oído hablar de Cartas del diablo a su sobrino (The Screwtape Letters), y hace poco, al fin, lo hallé en una estantería del piso en el que vivo.

Creo que no hace falta ser de ninguna ideología ni religión en concreto para bucear en esta novela-ensayo, publicada en 1942, y estremecerse por cómo parecía advertirnos, no sólo del “sentir global” de nuestra época, sino del modo interior de vivirla de la mayoría de nosotros.

Como no quiero extenderme mucho, me limito a traducir un fragmento que leí hace dos días y que me hizo pensar mucho en nuestra querida Posmodernidad. Se trata de la carta 25, en la que Screwtape revela su intención de hacer que los humanos aborrezcan the Same Old Thing; las cosas viejas de siempre.

El horror ante las Viejas Cosas de Siempre es una de las pasiones más valiosas que hemos producido en el corazón de los hombres; una fuente inagotable de heregías en la religión, infidelidades en el matrimonio e inconstancia en las amistades. Los hombres viven en el tiempo, y experimentan la realidad como un “suceder”. Por tanto, ellos deben experimentar cambio. Dado esto, el Enemigo (un hedonista del corazón) ha hecho del cambio algo placentero para ellos, del mismo modo que ha hecho de comer algo placentero. (…) Él ha equilibrado el amor por el cambio con un amor por la permanencia, (…) con esa unión de cambio y permanencia que nosotros llamamos Ritmo. Así, Él les da las estaciones, diferentes aunque cada año las mismas, de modo que la primavera siempre se percibe como una novedad (…).

El placer por la novedad es, por propia naturaleza, el placer más sujeto a la ley del rendimiento decreciente [cada vez hay mas deseo y menos placer en ello]. Y la contínua novedad cuesta dinero, de modo que el deseo por ella se acaba maldiciendo como avaricia o infelicidad o ambas. (…)

Finalmente, el deseo de novedad es indispensable si queremos producir modas, cuya utilidad es la de distraer la atención de los hombres de los peligros reales de las mismas. (…)

Al adjetivo descriptivo “invariable” lo hemos sustituido con el adjetivo emocional “estancado“.

Hasta aquí puedo leer.

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London #4: Wapping

Tengo la suerte de vivir en el que es, sin lugar a dudas, el barrio más hermoso de Londres. Y no necesito conocer los otros para hacer esta afirmación.

Wapping es un barrio bastante residencial, más o menos demarcado por el triángulo de las estaciones de Tower Hill (justo al lado del majestuoso Tower of London y el Tower Bridge), Shadwell y Wapping. Las calles son tranquilas, y básicamente son viviendas, algún pub u hostal y un supermercado.

Muy cerca están los famosos Saint Katherine’s Docks, unos muelles bastante emblemáticos. Cerca de ahí están los preciosos Wapping Gardens, siempre con familias que llevan a sus niños a jugar. En un lado del parque está la parroquia católica Saint Patrick, que está abierta a todas horas aunque no haya nadie dentro. Algún domingo he podido asistir a misa aquí, y me encanta el coro de esta parroquia; son un grupo de gente de todas las edades, entre ellos una chica que toca el violín y si cierras los ojos bien te podrías imaginar que es un ángel el que interpreta para ti esa melodía.

También hay un agradable paseo por ese canal que se aprecia en el mapa, en el que a menudo hay personas haciendo footing o simplemente obervando a los patos y cisnes que de vez en cuando se dejan ver. Las casas aledañas tienen puertas de diversos colores, y en todo momento, también por la noche, se escucha el piar de los pájaros desde las copas de los árboles.

Y ahora viene lo mejor.

Muchas noches, si hace buena temperatura, salgo a dar una vuelta por la orilla del río antes de acostarme. A veces, con suerte, aprecio sobre mi cabeza la inmensa y brillante luna, que se deja reflejar sobre las suaves aguas del Támesis, cuya marea cambia considerablemente de un día para otro.

Cuando no hay luna, tengo que conformarme con esta preciosidad:

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Y entonces levanto la vista al cielo y no entiendo por qué hemos dejado de hacerlo, por qué cada día andamos más encorbados, absortos por dispositivos que supuestamente nos hacen estar más presentes en el mundo. No lo entiendo, pero miro al cielo y canturreo el verso de Els Amics, el cel era gran, molt més gran que cap altre. Y pienso que cada día debería serlo más.

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London #3: Jeremy Bentham. Excentricidad más allá de la muerte.

Hoy he hecho otro recorrido interesante del libro 24 paseos por Londres, editado hace unos años por El País y con algunos párrafos redactados, sin duda, por el becario del momento. Este recorrido empezaba en Holborn Station y terminaba en Euston Square Station, y me ha llevado por varios lugares interesantes que os enlazo brevemente:

  • La fachada de la Senate House. Hoy en día el edificio sirve a la UCL, pero durante la II Guerra Mundial había sido el “Ministerio de la Información”, donde los periodistas se agolpaban para obtener noticias sobre la Guerra. La anécdota es que George Orwell se inspiró en este edificio y en su concepto para “construir” el Ministerio de la Verdad de su reconocida novela 1984. La otra anécdota es que me he quedado un rato mirando la fachada, sentado, y finalmente un hombre que me había visto sentarme me viene con unos flyers: “Hi there! Are you from the UCL, right?”. He tenido que despacharle con un: “Sorry, I’m just looking at the building”.
  • El pub Friend at hand. Más allá de la historia del dueño que fue hallado muerto, a priori por suicidio, pero posiblemente por asesinato, me ha llamado la atención el dato de que por ese bar han pasado personajes como Arthur Conan Doyle y, sobre todo, que Charles Dickens se enterara de la muerte de su hija mientras comía aquí. Pisas el mismo suelo, miras las mismas botellas sobre el mostrador, y piensas: “los clásicos no han estado tan lejos”.
  • El Petrie Museum. Es gratuito y está ubicado en un rincón muy modesto. En él se pueden admirar un montón de piezas egipcias: cerámicas, estatuas, incluso un impresionante sarcófago. Un lugar arqueológico muy del estilo del taller de Indiana Jones. Y muy interesante, la verdad.

Hecho este pequeño repaso, vamos al tema. Es algo que, en fin, me ha dejado un poco inquieto. Enseguida lo entenderéis.

El tal Jeremy Bentham es el “padre espiritual” de la University College London. Fue él quien sostuvo contra viento y marea que la moral y la ética debían estudiarse sin que se “entrometiera” la religión (de ahí que algunos llamen a la UCL la “godless university”), y fue también padre de la filosofía utilitarista en Inglaterra: el mayor bien para la mayoría.

El chico dejó un testamente un tanto peculiar: fue de los primeros en donar su cuerpo para que lo investigasen estudiantes de medicina, pero pidió que después lo volvieran a recomponer y lo conservaran y expusieran a modo de -ojo al neologismo- auto-icono. El sumum de la excentricidad, vamos. En resumen: que en medio de uno de los halls de la universidad, como quien no quiere la cosa, te encuentras con esto:

El esqueleto interior de esta “obra de arte” son sus propios huesos, cubiertos con su propia ropa. A la última, por si no queda claro en la foto: lo que lo petaba en H&M en otoño de 1832. La cabeza, gracias a Dios, está guardada en una caja fuerte a parte, dentro de la universidad, porque ya hubiera sido el colmo del mal gusto tenerla en la vitrina. En su lugar, hay una réplica moldeada por un especialista, sobre la cual, y bajo ese sombrerete, sí sobresale el cabello canoso del filósofo. De hecho, es lo único del cuerpo original que se alcanza a ver.

En el panel electrónico informativo se puede ver una imagen de la cabeza de Jeremy Bentham a día de hoy. La verdad es que es jodidamente asqueroso, así que quien quiera que abra el link, pero no pienso poner la imagen en el time line de mi blog: perdería todo el sex-appeal que me ha costado sudor y lágrimas cultivar durante tantos años.

Total, que antes de salir escopeteado de la UCL me he plantificado delante de este peculiar escaparate, me he frotado varias veces los ojos y le he reprochado por lo bajo: “estabas chalado, colega, ¿cómo se te ocurre?”. Y me he sentido un poco estúpido al hacerlo, pero creo que alguien tenía que decírselo. Aunque sea 182 años más tarde.

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London #2: Rembrandt, embalsamado en la National Gallery

Por fin he podido disponer de unas cuantas horas para perderme por la National Gallery. Es una auténtica pasada; uno sale con una idea mucho más nítida de qué es el hombre y qué ha sido durante tantos y tantos siglos. En qué ha cambiado (cultura, costumbres, modos de expresión) y en qué sigue absolutamente intacto (necesidad de amor, dolor, bondad, corrupción, poder, esclavitud, cuerpo, alma, pasiones, ideales). Por mencionar algunos temas, he disfrutado especialmente de las pinturas que narran viejos mitos y leyendas de la antigua Grecia: la huída de Ulises tras cegar al Cíclope, Venus venciendo con su feminidad al dios de la guerra, Marte y, sobre todo, el cuadro de Narciso y Eco, pintado por Claudio de Lorena. Ya sabéis: los mitos que seguimos encontrando hoy en literatura, cine y tele.

Además, el librito del que me acompaño proponía un recorrido por la vida de Cristo a través de cinco cuadros: desde el nacimiento de Jan Gossaert hasta la cena en Emaús de Caravaggio, pasando por la crucifixión del célebre Rafael.

Sin embargo, sólo quiero compartir uno que me ha llamado especialmente la atención. Bueno, en realidad son dos. Dos autorretratos de Rembrandt.

Primer autorretrato. 1640. Rembrandt con 34 años.

Tras contraer un provechoso matrimonio, nos mira desafiante, imponente, incluso soberbio, pues la pose en la que se retrata es la misma que, por ejemplo, este artista retratado por el mismísimo Tiziano. Un hombre en prosperidad, con una prometedora vida por delante.

Segundo autorretrato. 1669. El artista tenía 63 años.

Un hombre al que el tiempo le ha pesado. El retrato de Dorian Gray, pero sin el factor mágico sobre su propietario. En el caso de este artista, su mujer, su hijo y su compañera de toda la vida ya habían muerto. Y él estaba en bancarrota. De hecho, los rayos X revelan que, al principio, se había pintado con un pincel entre las manos, pero por algún motivo decidió quitarlo. ¿Quiso mostrarse esta vez como hombre en vez de como artista?

La comparación de estos dos cuadros me ha hecho vibrar. Qué implacable es el tiempo, qué ingenuos y soberbios somos unas veces, qué despistados otras. Cada decisión que tomamos, desde la más nimia, es irrevocable. ¿Cuál será nuestra mirada dentro de cincuenta años?

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London #1: La ciudad de Dickens

Ya llevo dos semanas en la capital más bulliciosa de Europa, la ciudad del please, mind the gap y los fish and chips. Por el momento he tenido ocasión de empezar a recorrer, hasta ahora tímidamente, la inmensa National Gallery, con la ayuda de una guía que me lleva directamente a los cuadros más importantes, y me los explica. También he tenido ocasión de, siguiendo el libro 24 paseos por Londres, callejear un poco por rutas menos concurridas y descubrir todo tipo de curiosidades que incumben a personajes desconocidos y, también, a celebridades como Jack el Destripador, los Beatles o el famoso escritor Charles Dickens.

Sobre este último, tuve ocasión de pisar el suelo que en su día, en 1824, fue una cárcel en la que estuvo recluso su padre, debido a su gran cantidad de deudas. Se dice que este hecho fue el que creó en el literato ese gran trauma emocional cuyas consecuencias podemos encontrar en gran parte de su bibliografía, como Oliver Twist o La pequeña Dorrit.

La verdad es que no tengo mucho tiempo, pero intentaré ir escribiendo alguna que otra cosilla.

Por ahora, os dejo con una canción de la película musical Oliver Twist (la de 1968, ya que hay más de diez de distintos años). Fue la última que escuché antes de partir de Barcelona. La letra es muy apropiada y la música es de las más alegres de toda la obra.

Cheers!

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Poema “Jo sóc d’aquells”

Jo sóc d’aquells

Dels que ja no temem la solitud,
que el nostre cor voli ben lluny
per molt que vulguin impedir-ho els ulls,
per molt que no pugui entendre-ho ningú.
D’aquells que patim la buidor
i no en volem donar mitges solucions.

Sóc d’aquells que l’amor ha pogut trobar,
per acomiadar-se’n amb petons i plorant,
i tornar a casa amb un petit cor
tot ell perdut en un forat
i una pila de promeses
que es van quedar en un esborrany.
Cors que no és difícil enamorar-los
com després el fer-los desenamorar.

Dels que sabem què és estimar de debó;
que en menys d’un any no es pot substituir
el que gosem anomenar “veritable amor”,
i no entenem haver de sentir això
per qui ens ha fet tastar tant de dolor.

Dels que hem escollit deixar de banda
l’odi, la venjança i el rencor,
i preguem, plorant sota la lluna:
“Senyor, fes que ella
sigui més feliç que jo”.

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Noche 19: El día de las rosas rojas

Hay imágenes de la vida cotidiana que, de por sí, suscitan una historia. Hoy comparto con vosotros una foto que tomé el 10 de diciembre de 2013. Fue en el Metro de Madrid, en la parada, si no me equivoco, de Plaza España. Hay un tramo inmenso de escaleras mecánicas. Yo bajaba por ellas. Y en el minúsculo rellano que separaba un tramo del otro (menos de tres pasos de longitud) había una rosa roja. Tirada en el suelo e ignorada por todos. No pudo menos que suscitarme curiosidad, a mí, que ando tan curtido en la sensibilidad hacia las rosas rojas desde que leí El ruiseñor y la rosa, de Oscar Wilde. Ese día decidí que iba a dedicarle un relato. Aprovecho que ayer fue Sant Jordi, el día de la rosa y el libro para nosotros, los catalanes. La historia, eso sí, sucederá en Madrid, ciudad a la que, en fin, tarde o temprano habrá que regresar. Sin embargo, ¿qué clase de historia puede terminar con una rosa roja tirada en el Metro de Madrid, donde puede ser pisoteada y despreciada por el más vil de los transeúntes que pasan por allí cada día? Respuesta obvia: una tragedia. Un dramón de amor no correspondido, de una chica que no aceptó la rosa que un chico, enamorado con locura, le trajo tras recorrer cientos de kilómetros esperando alegrarla con el regalo. Pues no, amigos. Hay que renovarse. Hay que tratar de mirar con mejores ojos y con un poco más de esperanza. Intentaré hilar, sobre la marcha, bajo esta fotografía, una historia distinta. Y la escribiré escuchando el último disco de Els Amics de les Arts; cómo no hacerlo después de encontrármelos de sorpresa el día de Sant Jordi. 

Rosa RojaElla había tenido un día horrible. Atravesaba uno de esos momentos de absoluto cinismo con respecto a la raza humana, y en concreto hacia el sexo masculino.

Eran ya casi las doce de la noche; ya terminaba el día. Ella había estado paseando por Plaza España, un poco deprimida al ver que sí había personas en la capital que celebraban el día de Sant Jordi, que es como el día de los enamorados pero con un poco más de poesía. Chicas un poco más afortunadas que ella, pensaba. Incluso la famosa tienda 8 1/2, la Meca de los madrileños adictos al cine, había querido ornamentar su escaparate con el póster de una película en el que salía una rosa roja. En fin. Tocaba descender al submundo madrileño, meterse en la cama y tratar de olvidar cuanto antes tan improductiva jornada.

Introdujo el pequeño billete acartonado y, justo cuando iba a atravesar las puertas de seguridad, un chaval aprovechó para colarse detrás de ella. Eso sí que no. Con ella no se jugaba.

– ¿Eres imbécil?

El chico se la quedó mirando. “Bien”, pensó ella. “En la lucha visual nadie me ha vencido aún”. Sin embargo, el chico tenía los ojos de un color difícil de describir. Eran entre verdes y marrones, con algún pincelazo azul. Ella desvió la mirada enseguida.

– El próximo día cómprate tu billete. No se puede ser tan tacaño, que sólo son dos euros.

– Soy tacaño porque soy catalán.

El chico le guiñó un ojo. Ella ni siquiera esbozó una sonrisa.

– Jo també sóc catalana, simpàtic. Au, que vagi bé.

Ella apretó el paso hasta las escaleras mecánicas. El chico la siguió y se puso detrás de ella.

– ¿Sabes por qué no he comprado el billete?

– A ver.

– Prefería invertir el dinero de otra forma.

Y dicho esto, el chico sacó de la mochila que llevaba una preciosa rosa roja. Ella no pudo evitar ruborizarse hasta sonreír. Jaque mate.

– Es para ti.

Ella tomó la rosa. No se lo podía creer.

– ¿Para mí? Venga ya… En la mochila llevas más rosas, seguro.

– No.

– Sí.

– No. Y no me has preguntado mi nombre aún.

– Dímelo si quieres.

– Me llamo Jordi. Tú no me conoces, pero cuando termine de pagarme la universidad voy a casarme contigo.

Ella se quedó de piedra. Estaba a punto de dar la réplica, pero él se le adelantó. Le acarició la mejilla. Ella cerró los ojos. Se sentía en el séptimo cielo.

Ella sintió el roce de la nariz del chico con la suya. Después, poco a poco, de sus labios con los de él. El beso fue rápido, intenso y, no sabía por qué, verdadero. Ella seguía con los ojos cerrados. Soltó la rosa y levantó sus dos manos, buscando el rostro de él. Palpó el aire, y no halló otra cosa que, precisamente, aire. Abrió los ojos.

El chico estaba bajando las escaleras mecánicas a todo correr. Ella reaccionó a tiempo y corrió tras él. Y corrieron, uno detrás del otro. Y llegaron al andén. Y el chico se subió a un metro que estaba a punto de cerrar sus puertas. Y, en efecto, se cerraron las puertas. Y el chico se alejó.

Cuando ella llegó a casa, se encerró en su habitación. No comprendía nada de lo que había sucedido. O no lo comprendió hasta que se palpó el bolsillo del jersey de cuello alto que llevaba. No podía ser…

Un papel arrugado. Lo desplegó a todo correr y lo leyó.

A la misma hora, en el mismo lugar. Confía en mí.
Feliz día de las rosas rojas.

Otro gilipollas que jugaba con ella. No era la primera vez que le prometían una felicidad que no estaban dispuestos a darle. Así que tiró el papel a la papelera y trató, con los días, de olvidar lo que había sucedido. De vivir como si no hubiera ocurrido.

Varias semanas después, ella volvía a bajar las escaleras mecánicas de Plaza España. Obviamente, no pudo no recordar aquel extraño encuentro. Y cuál fue su sorpresa cuando comprobó que la rosa roja seguía ahí, en el lugar en el que el misterioso chico la había besado.

La chica, llena de curiosidad, no pudo evitar preguntarle a un empleado del Metro Madrid:

– Perdone… ¿Cada cuánto limpian las instalaciones de esta estación?

– Todos los días señorita. ¡Sólo faltaba!

El empleado sonrió, ufano.

Y ella decidió hacer caso al chico que, en cinco minutos, le había robado el corazón. Y siguió pasando por allí, todos los días sobre la misma hora, durante mucho, mucho tiempo. Siempre con la misma esperanza, con la misma sonrisa en los labios. Y es que, por fin, estaba entendiendo que la paciencia y el sacrificio no quedaban excluidos de la aventura del amor. Al contrario. Vivió con ilusión un día tras otro, durante un año entero.

Hasta que le volvió a ver, al año siguiente. Fue el día de las rosas rojas. Por fin.

El amor es el dolor de vivir lejos del ser amado.

Anónimo

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